Ha despachado con go to site “I Love You Honeybear” (Sub Pop) uno de los grandes álbumes de lo que llevamos de año: sensible, exuberante, irónico y grandilocuente. En Father John Misty queda ya muy poco del folk árido y deshuesado que pregonaba cuando simplemente se hacía pasar por Josh Tillman, su nombre real. El próximo 4 de julio actúa en el Vida Festival, en Vilanova I la Geltrú. Y este es el resultado de la charla que mantuvimos con él por teléfono. Una conversación que empezó muy mal (el siempre espinoso tema de las influencias) pero acabó revelando a un entrevistado sumamente inteligente, de los que proporcionan varios buenos titulares.

http://oceanadesigns.net/images/granite/verde-fontaine/verde-fontaine.jpg Tu nuevo álbum suena como tu trabajo más ambicioso, ¿estás de acuerdo?
Seguro. Sí, estoy de acuerdo con eso.

http://toriigateinc.com/the-leadership-team/ También podría decirse que los referentes que revolotean alrededor de tu música cada vez remiten más a los años 70. ¿En qué medida tiene eso algo que ver con el hecho de que hayas estado viviendo en Laurel Canyon desde 2011?
Tengo que decirte que de verdad odio esa clase de preguntas. Si escuchas mi música y simplemente piensas que es algo que remite a los 70…prefiero que pasemos a la siguiente pregunta.

De acuerdo, trataré de preguntártelo de otra manera. La primera vez que tuvimos la ocasión de verte actuar en nuestro país fue en 2006. En mi caso, fue en un concierto en Valencia, en el que teloneabas a Josh Rouse, aún como J. Tillman. Tu propuesta estaba sumida en un folk sombrío, algo muy distinto a lo que haces ahora. ¿No crees que has recorrido un gran camino desde entonces?
Sí, lo creo.

¿Y te sientes más realizado como compositor ahora que antes?
Sí, para mí ha sido un proceso muy arduo y largo el de encontrar mi propia voz. Creo que cuando tenía entre 20 y 30 años, yo estaba más pendiente de seguir las huellas de otros, de seguir la estela de los singer-songwriters, y tratando de sacar sentido a mis héroes musicales. Pero sobre los 29 años fue el punto de inflexión, cuando me di cuenta de que necesitaba escribir por mí mismo. Y eso incluía aportar mi sentido del humor, mi visión del mundo y mis experiencias reales. Mi música estaba enraizada hasta entonces en un mundo imaginario. Perdí la paciencia para escribir de fantasías.

Ya que mencionas tu sentido del humor. ¿Lo utilizas como una especie de escudo para contrarrestar la transparencia emocional de tus letras?
Lo que me atrae del humor, o de la ironía, como lo queramos llamar, es que te ayuda a expresar ideas muy complejas, y sintetizarlas en una especie de pequeño chiste perfecto. Y eso es algo muy útil para un compositor, porque no tienes mucho tiempo, la canción son dos o tres minutos solo, es poco para comunicar ideas o historias complejas. Pero también ese humor forma parte de mi visión del mundo. Y ese mundo es una farsa, para mí.

El humor utilizado también para hacer aligerar las cosas serias, entiendo…
Sí, cuando la gente se pone muy seria a veces me ponen histérico. Y a veces cuando bromean es todo muy patético y triste. Creo que las cosas acerca de las que la gente se ríe o hace bromas y chistes, nos indican más que ninguna otra cosa cuál es su visión del mundo. Más que cuando tratan de emplear trucos intelectuales para convencerte de algo: ahí es cuando la gente miente, distorsiona la realidad, saca toda su mierda y se esconden detrás de todo ello. Pero no te puedes esconder detrás de un chiste.

Hay también una visión idealizada y estereotipada del amor, que tú esquivas por completo en este disco. ¿Lo ves así?
Sí, eso es algo que tenía grabado en la cabeza cuando hice este disco. Y también cuando estaba tendiendo esta experiencia de intimidad con Emma (se refiere a la fotógrafa Emma Garr, su pareja actual), que era radical, dolorosa, extraña y desternillante a la vez: una experiencia que en modo alguno remite a lo que oyes habitualmente en una canción de amor. En cierto modo fue un desafío el escribir sobre nuestra intimidad sin caer en los clichés. No puedes hablar del amor como si fuera una canción soul, y ese es parte del problema. Los intelectuales creen que hablar del amor es estúpido, algo repleto de estereotipos, porque la gente que se ha encargado de configurar nuestra cultura del amor son como retrasados sentimentales.

Quizá también esté poco valorado el hablar del amor con tanta franqueza…
Simplemente tienes que hablar de la vida. Limitarte a hacerlo solo sobre el amor es algo muy estrecho de miras. Si vas a habar de intimidad, tienes que incluir todo. No puedo creer en el amor como esa cosa que empieza por una “L” mayúscula. Todo lo que sé es sobre Emma y yo, así que solo puedo hablar de nosotros. No puedo hablar del amor como si fuera un regalo del cielo.

En “Bored in the USA”, cantas: “They gave me useless education, and a sub-prime loan on a craftsman home, keep my prescriptions filled”. ¿Es una crítica al american way of life o al sistema que lo sustenta?
Es sobre cómo el hombre moderno se inventa excusas para no aceptar la responsabilidad sobre su propia alma y su propia vida. Es sobre la pasividad

¿Crees que la sociedad americana es pasiva hoy en día?
Absolutamente. Solo queremos que nos entretengan. Y algún día ocurrirá. Todos viviremos vidas de fantasía y de entretenimiento puro. Y creo que eso salvará a la sociedad, en un sentido bastante conservador.

Los arreglos en este disco son más exuberantes que nunca. Y en el disco has contado con Jonathan Wilson en labores de producción. ¿Por qué le elegiste?
Me encanta Jonathan Wilson, es tan sencillo como eso. Y el tema de los arreglos era algo que se lo debía a las canciones, porque son apasionadas. Aunque hay diferentes líneas de pensamiento acerca de cómo funcionan. Por un lado, las canciones son muy apasionadas y requerían ese sonido grandioso. Y por el otro lado, creo que me sentía un poco vulnerable y demasiado expuesto por las propias canciones, con lo que los arreglos eran una forma de cubrirlo.

¿Es la composición de canciones algo terapéutico para ti?
No lo sé. Solo sé que me llevan hasta lo más profundo de mis preocupaciones, pero no sabría decir si suponen algo terapéutico. Aunque sí que compongo parte del material cuando estoy cabreado por algo, eso sí.