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Tal vez cueste encontrar espacio en las estanterías de la librería para la descomunal edición del periodista australiano Jerry Ewing. Su inusual formato, más propio de un cofre especial con discos que de un libro al uso, esconde jugosas sorpresas en su interior. No obstante, y a pesar de los esclarecedores y biográficos textos aquí incluidos, es un volumen con predominio de lo gráfico, en el que priman las fotos que congelan momentos únicos. Además es una obra en la que la “memorabilia” adquiere una dimensión especial. El trabajo de este colaborador de publicaciones especializadas de la talla de Metal Hammer, Maxim, Vox, Stuff y Bizarre, y que es responsable de otra joya de características similares, “AC/DC”, adquiere los tintes de fan total, de esos que siguen a pie juntillas la carrera de fondo de sus ídolos.

En el caso de Metallica pesa su condición de precursores de un género, el thrash metal. Un estilo oriundo de la Bay Area (San Francisco) y que sentaría las bases de esos riffs galopantes auspiciados también por otros coetáneos como Possessed o Exodus. Así a lo largo de sus 64 páginas se asiste a los momentos de despegue de la banda, cuando publicaron un anuncio en el periódico angelino The Recycler, con el fin de reclutar a un batería; hasta sus evoluciones mas recientes tras su álbum “Death Magnetic”. Si hablamos de imágenes hay que destacar las de las primeras formaciones junto a Dave Mustaine (posteriormente en Megadeth) y Ron McGovney (su bajista original) en el backstage de The Stone (San Francisco) en 1982; posando junto a System Of A Down; o con Lou Reed en la promoción de “Lulu”, el disco que editaron conjuntamente en el año 2011. Capturan también la vis cómica de los angelinos, al descubrirles con los spaghettis colgando de la boca y pringados de tomate en la Metallimansion. Y, cómo no, su tremenda energía captada en fotos de sus viscerales directos con el público entregado y haciendo el saludo de la mano cornuda. O bien esas instantáneas en las sesiones de grabación en el estudio con el productor Bob Rock.

El volumen no elude la carismática figura de Cliff Burton, que tras la muerte de su hermano por aneurisma cerebral, pretendía convertirse en “el mejor bajista del mundo”. Un capítulo importante, además de los que repasan todos sus discos de estudio, es el de la entrada en la banda de Robert Trujillo (Ozzy Ousbourne, Suicidal Tendencies, Infectious Grooves), tras la marcha de Jason Newsted: una dura competencia a superar entre candidatos de la talla de Twiggy Ramírez (Marilyn Mason), Pepper Keenan (C.O.C.) o Eric Avery (Jane´s Addiction).

Sin embargo, el aliciente más destacable es el adjuntar a modo de encartes facsímiles de posters y pases de conciertos, flyers, recibos de tiendas de música, acuses de recibos de pagos por actuaciones. O ese famoso cartel de un concierto de 1992 en Toronto con Guns N´Roses en el que eran cabezas de cartel, y que para mayor gafe, gracias a las predicciones de los de Axl Rose – “dijeron que nunca pasaría” – nunca llegó a celebrarse. En definitiva, “Metallica. El origen del Thrash Metal” es un libro indicado para fetichistas e incondicionales de la banda. Esos que se dejan las cervicales al sacudir el cuello en las primeras filas, y rinden pleitesía a unos de los mayores exponentes que haya dado el heavy-metal.