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El autor inglés vuelve a demostrar su gran habilidad para desplegar toda su flema más cómica, sobre todo a la hora de trazar uno de esos antihéroes tan propios de su literatura, que parecen ir por la vida con una inocencia a prueba de balas, sin acabar nunca de enterarse absolutamente de nada hasta que, en las últimas páginas, alguien le voltea todas las cartas sobre la mesa. Ese momento en el que caen todas las máscaras, siempre acaba provocando cierta cara de pasmo a un protagonista al que siempre acabas por cogerle cariño, precisamente por esa misma fragilidad emocional que transmite en sus decisiones.

Lástima que a diferencia de otras novelas de Jonathan Coe mucho más elaboradas como “Menudo Reparto” o “La espantosa intimidad de Maxwell Sim”, esta vez la trama sea mucho más previsible y no esté tan repleta de esas sorpresas tan propias de las comedias de enredo a las que el autor es tan aficionado. Eso sin obviar que además es una obra menor que tampoco alcanza las cuotas literarias logradas con “La lluvia antes de caer”, que es para mi la mejor de sus novelas a la hora de fundir su estilo ágil con su capacidad para tejer gracias a finos hilos argumentales que se entrecruzan, un argumento que busca siempre dejar boquiabierto al lector.