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Son muchos los que aseguran haber estado “ahí” cuando en los tempranos ochenta sucedía “todo”, bastantes más de los que permitía el aforo de la Rock-Ola. Uno de los que se encuentran fuera de toda duda es Rafa Cervera, pluma veterana y respetada que durante aquellos años era un apasionado jovenzuelo obsesionado con documentarlo todo, negro sobre blanco, en las páginas de su fanzine. Antes de eso, y tal y como cuenta en el prólogo de este volumen integral, Rafa hizo por un instante el amago de subirse al escenario de la mano de sus amigos Glamour, pero no tardó en darse cuenta de que los instrumentos que realmente manejaba con destreza eran la grabadora de cinta, el bolígrafo y la máquina de escribir con la que dio forma a los tres números de Estricnina.

Efe Eme los recupera ahora en este volumen que supone un inmejorable manera de retroceder en el tiempo y revisitar un estallido cultural que sigue siendo motivo de encendidos debates. Porque a diferencia de otras monografías escritas a posteriori con una visión más o menos idealizada de la época, con una mirada más o menos reflexiva al respecto, los textos de Estricnina son consecuencia directa de la frescura y candidez del quien se entrega con pasión juvenil a vivir su momento. Esto se traduce en entrevistas de gran valor histórico: se puede seguir todo el culebrón de la saga Pegamoide a través de los tres números con entrevistas a Alaska, Carlos Berlanga y Eduardo Benavente en las que se lanzan dardos envenenados. También pasan por manos de Rafa los inevitables Radio Futura, Almodóvar, El Zurdo, Gabinete Caligari, Bonezzi,… en un tiempo en que preguntar a un grupo cuáles eran sus influencias era un ejercicio de investigación musical en toda regla y no un acto de mal gusto.

Pero tanto o más reveladores del momento en que se escribieron son otros textos, en algún caso fusilados de las revistas anglosajonas de referencia (Melody Maker, Smash Hits, NME, New York Rocker, New Sounds New Styles,…) y otras tirando de improvisación. O esa pieza que aperecía en el primer número titulada “El Imperio Contraataca”, ejemplo de orgullo fanzinero y en la que una tal Lola Dilla, arremete con saña contra Jesús Ordovás y Servando Carballar por su defensa de lo independiente en unas mesas redondas que tuvieron lugar en Valencia por aquella época. Son batallitas, encontronazos y salidas de tono más o menos graciosas y gratuitas que la verdad es que se echan de menos en la prensa establecida y hasta en los blogs de nuestros días, y que posiblemente dicen más sobre cómo se manejaba la escena por aquellos tiempos que el enésimo artículo revisionista glosando la “creatividad sin límites” en los jóvenes de aquellos años.

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