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¿Qué hizo surgir el heavy metal? ¿Cuál fue la contribución de Black Sabbath? ¿Cuáles fueron las maldiciones que pesaron (y pesan) sobre el grupo? El periodista musical Paul Elliott responde a estas y otras preguntas en “Black Sabbath” (Ed. Libros Cúpula), una nueva obra biográfica cuya mayor virtud reside en una equilibrada combinación de enfoques al emplear un lenguaje sencillo, casi pedagógico, pero aderezado con muchas anécdotas desconocidas pero extremadamente reveladoras, algunas de ellas en forma de fotografía inédita o interesantísimo facsímil (entradas de conciertos, contratos, flyers, etc…). Entretenido y cómodo de leer, este libro-estuche de tamaño EP de vinilo se divide en capítulos de dos páginas que repasan los momentos clave de la historia de unos verdaderos supervivientes, de una banda que a lo largo de sus cincuenta y pico años de trayectoria no ha dejado de subir y bajar, de vivir entre el cielo y el infierno…

1. Dos dedos menos, una película de terror y una escala prohibida como origen del heavy

Según Elliot, hay tres factores decisivos en el sonido del grupo. El primero es el estilo de Tony Iommi a la guitarra, condicionado por la amputación que sufrió trabajando en una fábrica. Una sierra le cortó dos dedos y se desesperó pensando que su carrera había acabado, pero su jefe consiguió animarle regalándole un disco de Django Reinhardt, que tuvo un accidente de consecuencias similares. Iommi decidió fabricar artesanalmente un par de prótesis (como unos dedales) para poder tocar, y que a la postre condicionarían su particular estilo. El segundo factor es el concepto “rock de terror” ideado por Geezer Butler. Al ver que la gente hacía cola para ver la película “Black Sabbath” (con Boris Karloff) en un cine que había frente a su local de ensayo, pensó: “Si la gente paga por pasar miedo viendo una peli, pagará por pasar miedo escuchando un disco”. Inspirado por esta idea, y aquí viene el tercer factor, Iommi sacó el riff más oscuro que pudo, con una escala armónica que resultó estar prohibida por la Iglesia (de pura casualidad, él no tenía ni la menor idea) la “diabolus in musica”.


2. Ozzy, el skin-head

El semper-melenudo Ozzy Osbourne era muy diferente cuando era un chaval. El bajista Geezer Butler cuenta que apenas se hablaban en el barrio porque “yo era un hippie y él un skinhead, así que si le veía me cambiaba de acera”. El futuro cantante se metió en algunos problemillas y acabó pasando una temporada en la cárcel, pero después empezó a apuntar maneras con esto de la música: se puso a trabajar afinando bocinas de coches. La imagen de abajo, por cierto, resultaría profética con el paso del tiempo…


3. Las cagadas de la crítica

Los periodistas no recibieron con buenos ojos el debut “Black Sabbath”, e intentaron echar por tierra sus virtudes. La revista Rolling Stone, por ejemplo, dijo que era como “Vanilla Fudge rindiendo un irritante homenaje a Aleister Crowley”. La película “Black Sabbath”, por cierto, tampoco tuvo suerte con la crítica y después fue objeto de culto.


4. Una montaña de cocaína y un botón de alarma

Esta es de las mejores: tras pulverizar las barreras del éxito con sus tres primeros discos se mudaron a Los Angeles “por el buen tiempo, por las mujeres, pero sobre todo por las drogas”, y alquilaron una casa de lujo en Bel Air donde consumían “un paquete de crispis lleno de cocaína al día”. Un día que la cosa se les fue de las manos acumularon una enorme montaña de farlopa en la mesa del salón. Geezer Butler se mareó al levantarse para beber algo, y sin querer, se apoyó en el botón de alarma silenciosa de la casa. Siguieron dándole al naso durante casi una hora cuando de repente, la inconfundible luz intermitente azul de la policía entró por las cristaleras llenando el salón de malas vibraciones. “¡Nos han pillado! ¡Estamos rodeados!”, gritó Ozzy. Tiraron toda la mercancía por los cuatro váteres de la casa y a continuación fueron a abrir la puerta, donde se encontraron a un amable agente: “¿Están ustedes bien? Hemos recibido una alarma”. Entonces Butler se dio cuenta de su patochada. Antes de que terminara de disculparse con sus compañeros, Iommi ya estaba al teléfono encargando otra remesa.


5. Obsesión con Led Zeppelin

Los cuatro miembros del grupo no tenían reparo en reconocer que uno de sus objetivos era superar a Led Zeppelin, pero nunca dejaron de ser sus teloneros durante los setenta, y sin llegar nunca a eclipsarlos. A quien sí humillaron fue a los Faces de Rod Stewart, que fueron abucheados y hasta apedreados en un concierto en el que los Sabs arrasaron siendo sus teloneros. Años más tarde probarían su propia medicina al no poder estar a la altura de los suyos, Van Halen.



 


6. Teloneados por el “Boss”

En 1970, cuando la banda cumplía un año de vida, tuvo un curioso telonero en un concierto en Asbury Park: Bruce Springsteen, que por entonces tocaba en Steel Mill. Escuchen, escuchen lo jevorro que era.


7. Los desparrames de Ozzy no son una leyenda urbana

Casi ninguna de las locuras de Ozzy narradas en la historia oral del heavy es falsa. Hay quien dice que le arrancó la cabeza a un murciélago de un mordisco, hay quien dice que en realidad era una paloma… pues fueron los dos. Todo ocurrió, eso sí, durante su etapa en solitario. Lo de la paloma fue en una rueda de prensa: tenía que liberarla para que volara al final de la misma, pero algo debió cruzársele por la cabeza y le seccionó la ídem al animal con los incisivos ante los periodistas. Después se comió, efectivamente, la testa de un pobre murciélago que un fan arrojó al escenario en un concierto en Des Moines. Lo mejor es que las tiene más bestias todavía, como lo de mear en el Cenotafio de El Álamo, uno de los monumentos nacionales más sagrados de EE.UU.


8. Jodiendo la marrana a los Eagles

Durante la grabación del fallido “Technical Ecstasy” (incluso la portada era un error: con ellos no pegaba el concepto de la factoría Hipgnosis) en los estudios Criteria de Miami, los Sabs hacían tanto ruido que traspasaba las paredes y se colaba en lo que estaban grabando justo al lado, nada menos que el totemico súperventas “Hotel California”. Los Eagles tuvieron que quejarse varias veces al dueño de Criteria, hasta que por fin se encontró solución: mover de sitio a los Águilas.


9. La desolación de los fans

Si hay algo que les joda a los fans de Black Sabbath, es que alguien les diga que Deep Purple molan más. Por eso, cuando Ian GIllan sustituyó a Dio en el micro, el horror se apoderó de ellos al verle cantar “Smoke On The Water” durante la gira de 1983. Y lo que es peor, ¡enfundado en unos tejanos azules! Aunque en este video sean blancos…


10. La montaña rusa de cantantes

Además de Ozzy, Black Sabbath tuvo otros seis cantantes, sí sí, seis. Aparte de los mencionados Gillan y Dio, están Dave Walker (que sustituyó a Ozzy durante su rabieta de 1977), Tony Martin (el que más discos ha grabado, 4, después de Ozzy), Tony Martin (grabó “Headless Cross” en 1989) y Glenn Hughes, que merece capítulo aparte. Esto es en lo que anda ahora el pobre Walker, el más fugaz de ellos.
 


11. 15 gramos de farlopa siempre son demasiados

Iommi siempre decía que Glenn Hughes era un inmenso cantante para los Sabs, pero en aquella época la cocaina dictaba sus actos. Fue despedido al montar un escalofriante escándalo en un hotel tras meterse, atención, 15 gramos de farlopa de una sentada. Poca broma.


12. Halford vs. Bolton

No te salían las cuentas, ¿verdad? ¿Quién es ese sexto cantante de Black Sabbath? Sorpresa: Rob Halford de Judas Priest. Una anécdota olvidada por casi todo el mundo, ya que fue sólo durante el “concierto de despedida” de Ozzy en 1992, en el que los Sabs telonearon a su cantante. ¿Y lo de Bolton? Vais a flipar: según el libro de Paul Elliott, Iommi estuvo muy, muy cerca de fichar a Michael Bolton para que cantara en el grupo. Ya puestos, incluso hubiera molado.


 


13. Las idas y venidas de Dio

El pobre Dio debió marearse con los Sabbath, y no por los efluvios tóxicos que soportó. Entró para grabar “Heaven & Hell” y “Mob Rules”, se marchó por disputas sobre las mezclas de éste ultimo, volvió en el 93 para “Dehumanizer”, el mismo año volvió a irse al rehusar ser telonero de Ozzy (de ahí lo de Halford), y otra vez regresó para la reunion Heaven & Hell de 2007.


14. “Estoy perdido en la canción”

Si lo de los cantantes fue todo un carrusel de emociones, no fue menos lo de los baterías. Uno de ellos, Vinny Appice, confesó que su entrada fue tan precipitada (Bill Ward abandonó repentinamente una gira americana) que se perdía en las canciones. “Tenía que apuntarme papeles donde ponía “Estrofa 2: acelerar”, así de fuerte”, confesó Appice. Quizá por eso disfrutaba tanto de los solos.


15. Un final accidentado, triste y sin aclarar

¿Sabías que Ozzy murió dos veces antes de lanzar su ultimo disco, “13”? Fue tras el accidente de quad (y eso que iba a 5 por hora, como confesó después), en el que se rompió la clavícula y ocho costillas. Pasó ocho días en coma, durante los que se les fue clínicamente a los médicos en dos ocasiones. Pero lo más triste es que la banda original al completo no culminara su esperadísima reunión. Como todos sabéis, Bill Ward decidió no participar (grabó el disco Brad Wilk de RATM) “por motivos contractuales”. Esto es algo que el libro no trata a fondo, es más, en ninguna parte se ha hecho, y la pregunta pesa mucho: ¿Es que acaso no repartieron los beneficios a partes iguales?

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