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Las influencias de The Bright han cambiado de continente. El rock folk de raíces americanas con el que se dieron a conocer en su primer trabajo, “Soundtrack For a Winter’s Tale” (Subterfuge 2011), y que oscurecieron en su segunda propuesta, “Estados” (Subterfuge, 2013), cobra ahora aires de post punk inglés o new wave. En “Lineas Divisorias” (Subterfuge 2015) el dúo leonés ha transformado la aridez del sur de Estados Unidos (reflejada en sus grabaciones anteriores en los Estudios Tripolares de León, junto a Juan Marigorta) en la aridez del sur de España, en concreto del Puerto de Santa María, hasta donde se desplazaron este verano Miryam Gutierrez y Anibal Sánchez para grabar junto a Paco Loco. El resultado es un brillante disco más cercano de Mánchester que de Cádiz.

The Bright se desmarca de todo lo hecho anteriormente con un trabajo potente, guitarrero, en el que los slides, los banjos y las mandolinas pasaron a la historia y han dejado lugar a distorsiones y sucias guitarras que junto a sintetizadores, pesadas líneas de bajo y fulminantes cajas de ritmos recuerdan a bandas como The Cure o Joy Division. Sin ir más lejos, “Aire”, el single adelanto del disco, tiene tintes del “Love Will Tear us Apart” de Ian Curtis. Como Curtis, The Bright también tiene presente la figura del David Bowie, en este caso el Bowie de “Low”, el de los sintetizadores y el krautrock. En esta ruptura con lo hecho anteriormente han sido importantes los nuevos músicos que acompañaron a los leonese en el estudio de grabación y que también lo harán en los directos. Es el caso de Juancho López (Paul Collins, Peralta…) al bajo, Jorge Coldan (Kurt Baker, Señor No…) a las guitarras, y Javi Ordiales (Lucas 15, Willy Naves …) a la batería.

Especialmente sucia, ruidosa, pero a la vez luminosa suena “El final del amor”, que como muchas otras canciones de “Lineas Divisorias” habla de situaciones insostenibles y finales inevitables “gritar que no fuiste de verdad/ o solo lo imaginé/ quizás así pueda dormirme al menos” dice este estribillo que se hace grande por momentos. Los estribillos potentes y guitarreros es otra de las señas de identidad de un trabajo que alcanza puntos altamente bailables en canciones como “Visceral”. Si en su anterior disco The Bright indagó en los diferentes sentimientos o estados que puede experimentar el alma humana, en esta nueva propuesta parece imperar una sola sensación: la de ruptura. En el caso de “Visceral” una ruptura que viene de la mano del arrepentimiento. En otros casos como “La culpa al tiempo” o “Lineas divisorias” ese cambio es achacado al paso del tiempo.

La canción que da nombre al disco y que en ocasiones recuerda a la Zahara de “Santa” o incluso a los nuevos derroteros que ha tomado Tulsa en “La Calma Chicha”, vuelve a ser la vía de escape de un sonido pesado, saturado pero nuevamente brillante. Una atmósfera que no hace sino enfatizar unas historias en las que los nuevos horizontes no solo están más marcados, también más cercanos.

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