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Dos chicos, muchos aparatos y demasiadas pretensiones. No lo digo yo, lo dice el perfil de bandcamp de este grupo que surgió hace un par de años sumándose a la moda (¿quién la empezaría?) de ponerse una exclamación al final del nombre. La descripción sería perfecta para sentenciarlos por las malas, y parece ajustarse a lo que ocurre durante los primeros cinco minutos de los diez que dura “Montador de bicicletas”, el tema de apertura. El trance de repeticiones y efectos no acaba de crear un efecto hipnótico, es más bien una deriva sin demasiada brillantez, una improvisación de tono amateur vaya, pero como se podía intuir, sólo estaban calentando porque algo sucede cuando el tema pasa a su segunda mitad, realmente inspirada gracias a ligeras variaciones de sintetizador que dan esa pincelada que faltaba y que le da sentido al cuadro completo.

Por similar línea discurre el tema que da título al disco, pero en paralelo van surgiendo nuevos matices que hacen fantasear con un ménage à trois entre El Pardo, El Columpio Asesino y La Débil con Devo de fondo, especialmente en esa tremenda “Sangre nueva” cuyo empuje vocal te coge de la pechera para despertarte a bofetadas. Y entonces… ¡zasca! La siguiente canción, más troglotrónica, pero también con una excelente pegada, se llama “La Débil”. ¿Y esto? Pues resulta que tienen conexiones (empezando por el productor, Carlos Toronado) y la tonada es un homenaje a dicha banda, caída en combate tras su genial último trabajo de 2012. Ojala a Siesta! no les ocurra lo mismo y acaben durmiéndose en los laureles, porque además de divertir, lo que más hace este segundo disco es dar ganas de escuchar el siguiente. Así que como dice el reflexivo, profundo y casi místico corte final, confiaremos en que “Todo va a salir bien”.

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