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Este es el preciso momento en el que Disclosure -léase, la penúltima gran esperanza blanca de la electrónica molona planetaria- deciden abandonar la libérrima estrechez de lo underground y entregarse a la feliz causa de convertirse en artistas “llena estadios” e hincharse a ganar pasta con un pastiche musical (hecho con oro, marfil y diamantes), que suena de coña y les hará vender millones de discos… pero nada más. Y alguno se preguntará, ¿pero es que hay algo más? Pues claro. Y es que la diferencia, entre aquel tan enorme disco de debut “Settle” de 2013 y este “Caracal”, es que los jovencísimos Howard y Guy Lawrence han apostado, conscientemente, por la peor de las sendas que podían haber escogido, esa misma que les hará más ricos y famosos.

Y es que en esta nueva colección de temas ya no ruge lo urbano; no se moja del sudor que empapaba al mejor garage UK de los noventa, diestramente recuperado y aquel 2step primigenio ha mutado en otra cosa. Ahora alejados miles de kilómetros de Basement Jaxx o Skream -referencia directas de antaño- Disclosure se entregan gustosos en los cálidos brazos del mainstream radioformulista, que tanto adoran en UK y enloquece a los yankis, dando un giro -¿extraño o más bien esperado?- a una trayectoria que empezó de forma tan fulgurante que, quizás, todos nos precipitamos aupándolos demasiado pronto a los altares siendo solo unos meros debutantes; eso sí, con toneladas de talento bajo sus incipientes tupés. Y es que la bass music retro de ayer, con base y alma pop ajausado- ha dejado paso hoy a una especie de r&b lujoso y aterciopelado; muy a la americana, que lleva a estos quince temas a relucir, brillar y sobre todo sonar de forma espectacular; alto y claro, cristalino y pleno de una musicalidad alicatada a base de talonario. Pese a todo, hay hitazos de tremenda factura compositiva, aunque siempre poco arriesgada, como son “Nocturnal” (junto a The Weeknd), “Omen” (con Sam Smith) y “Holding On” (con Gregory Porter).

Estos temazos conviven con otros, caso de la regulera “Willing & Able” (con Kwabs) o la superpopera y hitisima “Jaded” que son pura glucosa en vena. Lo de la sonrojante “Bang That” ya es otro cantar. Y es que, sin duda uno de los audibles males de este “Caracal” es que los Lawrence parecen dar más importancia a lo vocal -y su excelsa nomina de colaboradores pagados a precio de oro- que a lo estrictamente musical, cuando eso es precisamente lo que más nos chiflaba de su apuesta. En fin, lo van a petar y se van a forrar, pero alejándose un buen trecho de una realidad musical que en un instante nos hizo soñar y bailar a gente como tú y yo.

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