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Si Dios existe, que lo dudo, es muy probable que me haya perdonado el dudar durante unas temporadas de la actualidad hardcore. Quizás las destellos de pirotécnico colorido comercial que veía a mi alrededor más que maravillarme me aturdieron y desviaron del camino. Por suerte, manteniéndome en términos casi religiosos, la fe no es algo que se pierda de un día para otro, sino que solamente hace falta volver a dar con una luz verdadera, brillante y sincera para que los colores se echen a un lado y lo que quede frente a nosotros sea la verdadera esencia. Y eso es lo que, en cierta manera, ha ocurrido con las bandas de lo que se ha dado en llamar The Wave. Mientras daba la impresión de que millares de formaciones se sumaban al camino fácil, surgía un puñado de formaciones que han venido a sustituir de algún modo a lo que fueron los abanderados del emo más visceral de los noventa y del primer screamo. Y Defeater siempre ha sido una de ellas. Quizás no la más conocida, pero sí la más ambiciosa. ¿Ambiciosa? Sin duda. Aquí es dónde les introduzco el concepto de “Abandoned”, o mejor dicho, el concepto tras Defeater, un grupo que mantiene y desarrolla un mismo universo lírico desde su primer álbum, “Travels” (08).

Desde la primera hasta la última, cada una de las canciones escritas por Derek Archambault (un músico –como Patrick Stickles de Titus Andronicus– que suele citar más a escritores que a bandas como principales influencias) hasta la fecha nos han sumergido en un tiempo y un espacio determinados, en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX, siguiendo a una familia y utilizándola para tratar los grandes temas que mueven el mundo. Archambault ha escrito, cantado y chillado hasta dejarse la garganta sobre la muerte cuando nos toca de cerca, sobre el odio, sobre como una persona puede convertirse en un monstruo en ciertos momentos de su vida… sobre la condición humana al fin y el cabo.

“Abandoned” cierra la tetralogía iniciada ocho años atrás y lo hace hablándonos (en una historia ambientada en 1943) sobre la fe, sobre perderla, intentar recuperarla y sentirse perdido y abandonado. Para ello, Defeater no tienen más que volver a grabar un disco visceral, directo y cargado de dolor (la operación de cadera sufrida por Archambault hace unos meses habrá ayudado lo suyo). A algunos les parecerá excesivamente emo, a otros demasiado forzado, pero a quienes conecten con la emoción y la crispación lánguida de Defeater les aseguro una media hora de disfrute sin reservas, sin peros. Media hora cuyo final (“Perdóname, mi Padre, porque soy un pecador. Sin respuesta. Abandonado”, a voz en grito) cierra un ciclo al tiempo que resulta toda una declaración de principios. Mientras unos pierden la fe, otros vemos en discos como “Abandoned” la reafirmación de la nuestra.

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Discos 07 Septiembre, 2015 DEFEATER

Abandoned