Francisco Contreras, un muchacho de barba de tres días, de complexión oronda y con una voz cavernosa con dejes aflamencados, levanta las manos al cielo. Se está cagando en la vida moderna, en los políticos y en las guerras. Como un predicador, sin grandes alardes escénicos, tiene a todo el público de la Carpa Negra de Vic ensimismado. Es medianoche, hora de milagros; Niño de Elche, así ha apodado su proyecto de raíz flamenca y de fusión pura (le acompañan guitarras y pregrabados), nos hace creer durante 45 minutos en los milagros. Nada de corte sacro. El ‘miraculum’, del latín; contemplar con fascinación, admiración, estupefacción. De eso trata “Voces del extremo” (NDE/Telegrama, 15), de eso trata el Mercat de Música Viva de Vic (MMVV), que este año ha llegado a las 27 ediciones con sus principios intactos: la mayor feria profesional del sector musical en Catalunya, conciertos masivos para el deleite local y pequeñas joyas que siguen demostrando que la música, a pesar de todo (y de todos), está muy viva.

El MMVV sigue moviéndose bien entre las aguas de lo masivo y lo independiente. De sus más de 100.000 asistentes, durante los tres días de programación completa, la mayoría se concentraron en la Plaça Major, que un año más acogió propuestas locales para el deleite de los asistentes. Nyandú, Obeses o Núria Graham, esta última presentando en formato trío su aclamado “Bird Eyes” entre caras, cómo no, de estupefacción (tal vez la entiendan mejor en el Primavera Sound que en su Vic natal), dieron muestra del poder de congregación del ‘producte de la terra’. Eso sí, los cerca de 700 profesionales (entre programadores, entidades y periodistas), tomaron nota de lo acontecido en los recintos de pago; algo más irregulares en entrada que otros años. Vic es la feria de los pasillos (hasta 1.000 reuniones, ‘speed-meetings’), de la calle (porrón de propuestas callejeras) y de las novedades en recinto cerrado.

De entre las novedades, pocos milagros y muchos beatos. Es el caso de Egon Soda, más reivindicativos (pienso en “La manada” o su ‘alza puños’ “Nueva internacional”), Anari, cantautora vasco-francesa presentando “Zure aurrekari penalak” (Bidehuts, 2015), cercana el post-rock y comparada con la mismísima PJ Harvey con razón, o Inspira. Con nuevo material bajo el brazo, las bandas barcelonesas (afluentes en el Bar Vinil de Gràcia) llevaron la contundencia a las carpas. Especialmente atento estuvo el público a Inspira. Considerada por muchos una ‘tapada’ de les escena catalana, su nuevo trabajo “Greta” (BankRobber, 15), más directo y con sutilezas electrónicas, supo camuflarse entre su sonido épico ya patentado. En las carpas también, pero algo más lejos del ascenso a los cielos, se empleó Bikimel, que también presentaba material (“Morir d’un llamp”, Satélite K). Banda amplia pero algo desacompasada, no ayudaron los arreglos: más cercanos a ejercicios de estilo que a canciones. Los profesionales abandonaron rápido sus asientos, atentos a la llamada de los barceloneses 77; otros que saben, y mucho, de ejercicio de estilo (son puro ‘revival’ AC/DC, los ‘AC/DC catalanes’ los llaman) pero que entregan hasta la pata de elefante si hace falta. Y para que el rock, el pop y el folk no fuesen la nota predominante de esta 27 edición tuvo que subirse a las tablas, en formato cuarteto, Moh! Kouyaté, garante del nuevo funk y afro-beat; los guineanos compiten, por sandungueros, en la liga de consagrados como Bombino.

A estas alturas ya nadie duda que el viernes el flamenco vertebró la emoción. Más allá del éxtasis con Niño de Elche, al que no le deberían faltar portadas los próximos meses, el Auditori l’Atlàntida habló ‘en palos’ durante horas. Para inaugurar la jornada, algo de musicología: “Cants Oblidats”, proyecto de recuperación de la memoria y las canciones de los gitanos de Hostafrancs, con voz de Joan, ‘el Nen’, Clota y trabajo de El Taller de Músics. Algo más de presente habla Soleá Morente, bien acompañada en su bolo por miembros de Los Evangelistas; capaz en directo de ‘singles’ sinuosos a medio caballo entre el pop-flamenco y el rock (“Todavía”) o del más puro desenfreno-“Omega”, marca de la casa Morente, con temas como “Si tú fueras mi novio”. Este último fruto de la colaboración hecha disco, “Encuentro” (2013), con Los Evangelistas.

Pxxr-Gvng-concert-mmvv

Y no se puede cerrar una crónica sobre milagros y aglomeraciones sin citar a La Pegatina y a Pxxr Gvng (en la foto). Por motivos bien diferentes. Los primeros, que ahogaron el recinto El Sucre con su fusión festiva y consagrada, más que milagro, y sin ponernos demasiado sindicalistas, son trabajo. Picar-piedra. El caso de Pxxr Gvng ya se escapa de coordenadas terrenales. Pero como no dejaremos a lo sacrosanto el análisis, dos apuntes: 1. Se ha hablado en estas páginas del racismo cultural que supone obviarlos: Pxxr Gvng son un fenómeno, aupado por las redes, los medios y otros actores, sí, pero con más público (y más entregado y acelerado; hasta 8.000 habían en El Sucre con sus camisetas) que otros que mendigan en las portadas de medios musicales especializados. 2. Dicho esto, su directo es la broma más grande desde Milli Vanilli: Steve Lean suelta las bases, los ‘esmayaícos’… Jalean. Porqué cantar, o rapear al menos, nada. No hilaron dos frases seguidas. Ya intuíamos que el auto-tune era necesario, pero no intuíamos que fuera imprescindible. Fuera como fuera, el público (y sus teléfonos móviles; ‘selfies’ a punta pala) lo gozaron. Como si se tratara de un milagro, de algo que pasa rápido ante tus ojos… y puede desaparecer en cualquier momento.