Como si no se quisiera perder un detalle de lo que estaba por suceder, una enorme luna llena asomaba por el horizonte de Adra en el instante en que las puertas del The Juerga’s Rock Festival abrían al público. En su tercera edición, el festival decidió expandir horizontes geográficos y musicales, manteniendo la mirada en el rock más contundente, pero abriendo el foco a otros sonidos, como el flamenco, la electrónica o el hip hop. Los más de 6.000 espectadores diarios avalan el éxito de apuesta y auguran un futuro prometedor. El escenario A(c)gustico era una de las novedades de la edición 2015. Situado fuera del recinto del festival, a pocos metros de la playa, era el lugar indicado para entretener las horas centrales del día, intentando burlar el despiadado sol del estío almeriense con música acústica entre cerveza y chapuzón. Otra novedad era la fiesta de presentación del jueves, con Eskorzo como cabeza de cartel. Con su mezcla de sonidos latinos, ska, reggae y punk-rock, el combo granadino incendió el escenario, poniendo a bailar a todos los presentes. El momento más multitudinario de la velada se vivió con el show humorístico-musical de Los Mojinos Escozíos y el más emotivo con los locales Cizaña, que volvían a tocar juntos varios años después de su separación.

Viernes: sangre, fervor y baile

La jornada del viernes comenzó con la fusión festiva de Alademoska y Trashtucada, y terminó, doce horas después, con el baile electrónico de Asian Dub Foundation y N.O.H.A. Unas piadosas nubes mitigaron el calor durante las primeras horas, cuando se subió al escenario Kiko Veneno para ofrecer versiones renovadas de sus clásicos eternos. Un problema técnico propició el momento más especial de la actuación: mientras uno de los monitores era sustituido, Kiko amenizó la espera con una interpretación desnuda, guitarra en mano, de su clásico “Mercedes blanco”, con el público coreando y haciendo palmas al ritmo de los cachitos de hierro y cromo. Anti-Flag puso el festival patas arriba con un show lleno de espectáculo, actitud y certeros hits. Dedicaron el concierto a Joe Strummer, justo antes de emprender una anfetamínica versión de “Should I stay or should I go”. Para cerrar la actuación, bajista y baterista bajaron del escenario cargando con sus respectivos instrumentos y se situaron entre las primeras filas del público, que no salía de su asombro al ver trasladar la batería elemento a elemento. Con el furor, el bajista Chris Barker se golpeó la ceja al saltar la valla y empezó a sangrar, afortunadamente sin mayores consecuencias. La imagen de Barker cantando entre el público, con un hilo de sangre resbalándole por la mejilla, es uno de los momentos del festival. Para entonces el recinto contaba ya con tres cuartos largos de entrada, con miles de camisetas negras tomando posiciones para el concierto de Soziedad Alkoholika. Fervor es la palabra que mejor define la actitud de la masa de fans que corearon con pasión los grandes hits de la banda, desde Ratas a Polvo en los ojos o Nos vimos en Berlín, con el que pusieron el cierre. La contundencia de S.A. dejó paso al espíritu festivo de Talco. Con especial protagonismo musical y escénico (¡esos bailes!) para la sección de metales (trompeta y saxo), los venecianos ofrecieron espectáculo y compromiso político, con recuerdo para el célebre discurso de Allende en La Moneda, una festiva versión de “Fischia il vento”, el célebre himno de la resistencia italiana, y versión de Kortatu para concluir. Asian Dub Foundation inauguró el bloque más electrónico del festival. Partiendo del dub desplegaron su arsenal de sonidos drum´and´bass, dejando caer hits como “Zig Zag Nation”, “La Haine” y el reciente “Flyover”, antes de que el colectivo multicultural N.O.H.A. clausurara la jornada con sus ritmos hedonistas.

Talco The Juerga's Rock

Sábado: una oferta imposible de rechazar

Las rimas combativas de Los Chikos del Maíz y el pop todoterreno de El Puchero del Hortelano tuvieron que lidiar con el calor inclemente de la tarde del sábado. Los granadinos, que hacían escala en Adra en su gira de despedida, dedicaron un emotivo recuerdo a Javier Krahe y homenajearon a Manzanita con “La quiero a morir”, siempre emocionante en vivo. Con escrupulosa puntualidad (una constante durante los tres días de festival), la sintonía del Padrino de Nino Rota anunció el advenimiento de Evaristo Páramos y su grupo Gatillazo. Descargaron una batería de pildorazos de dos minutos escasos, para regocijo de los numerosos incondicionales que coreaban cada canción con pasión. “Hemos tocado 27 y nos han dicho que a partir de 25 son muchas”, afirmaba Evaristo en la recta final, poco antes de poner el cierre con “Odio a los partidos”, uno de los rescates de La Polla (también cayó Txus, la única canción que sonó dos veces en el festival: ya la había tocado Cizaña en la jornada inaugural).La noche se iba cerniendo sobre Adra, pero el calor, mitigado por la organización a golpe de manguera, se resistía a remitir cuando aparecieron El Langui y Gitano Antón, derrochando carisma al frente de La Excepción.

Narco The Juerga's Rock

La reunión de Hora Zulú, tras su separación hace dos años, era una de las actuaciones más esperadas. La banda granadina regaló un concierto plagado de clásicos, como si el tiempo no hubiera pasado, y se despidieron con un final que hace pensar que quizás haya vida más allá del Juergas: “Nos vemos en los escenarios dentro de poco, si Dios quiere”.Atuendos coloridos, coreografías guitarras en ristre, dominio escénico, hits coreables y explosión final de confetti. Esas fueron las bazas ganadoras de Toy Dolls cuando el festival afrontaba ya su recta final. Tras el color de los británicos llegó la oscuridad abrumadora de Narco, cuyo cantante terminó cantando “Puta Policía” debajo del escenario, transportado en volandas por el público mientras arriba Dj Abogado del Diablo destrozaba discos de sevillanas. Fue el cierre a un recital aplastante que incluyó vigorosas revisiones de “La cucaracha” de Dog Eat Dog y “Demolición” de Los Saicos.

toy dolls the juerga's rock

Exhaustos ante tal derroche, algunos asistentes fueron plegando velas, mientras los más valientes disfrutaban hasta las tantas bailando con el hip hop electrónico de Dremen. Eran casi las seis de la mañana cuando los altavoces quedaron en silencio y el recinto fue, poco a poco, quedando vacío, abandonado por rostros que transmitían una mezcla de cansancio y satisfacción. Para entonces la luna, testigo constante durante tres días, ya había comenzado su fase menguante.