No abundan por ahí las propuestas que combinan de manera elegante y eficaz ambición artística y accesibilidad. ¿Cuántas veces hemos oído que antes el mainstream era mucho mejor? De ahí que chocara aún más la discreta entrada para ver a Julie Campbell, que llegaba a Madrid con su excelente “Hinterland” bajo el brazo. Esto no le impidió a la británica dar un magnífico concierto en el que puso de relieve todas las virtudes de su segundo disco.

Acompañada por tres músicos que se multiplicaron con batería, bajo y guitarra, sintetizadores y percusión sintética y con sonido de nivel, Campbell, menuda, de aspecto andrógino espartano y rasgueando su Telecaster, trasladó al directo buena parte de su disco (y más) con infinito gusto, y permitiendo que la milimétrica precisión de su banda dejara espacio al groove. Funk blanco (aparentemente) glacial, con un pie en el post-punk de casa (el Manchester de A Certain Ratio, New Order) y otro en el legado eterno de Haçienda: bajos que quitaban el hipo, ritmos colosales, rasgueados vertiginosos de guitarra, capas sintéticas que ellos hicieron orgánicas…y la voz de miss Campbell, tan personal como bien utilizada.

Música de baile sobria y cruda con la que el personal movió el esqueleto disfrutando de lo lindo. Puede que se dieran muchos conciertos esa noche en Madrid, pero dudo mucho de que hubiera otro mejor.