http://enuan.com/works/logistica-e-trasporti-2/ Sí, el lugar importa, como importan el tamaño y la pericia, vamos a dejarnos de tonterías. En el Pícaro los grupos se colocan en círculo allá abajo, puede que una o dos plantas por debajo de ti. No valen trucos, todo está a la vista, pero también hay menos contacto ocular, lo que produce explosiones como la de TAB en Toledo. Ellos van a los suyo mientras que tú espías por encima de sus hombros. No hubo bises ni falta que hicieron, llegaron, se merendaron algunas de las mejores canciones de sus tres discos y nos dejaron boqueando, incapaces de más.

La combinación del formato imposible de la sala y la intensidad sin tregua del grupo resultó una bonita patada de rock a menos de una hora de la pereza madrileña. Rodrigo, a oscuras, redujo el shoegaze a un esperpento lejano delante de un público condenado a no poder bailar, y seguir mirando sin poder ni querer apartar la vista. Y claro, después de ver cómo son capaces de llenar escenarios y plateas mucho más grandes, esta fue una ocasión aún mejor para empaparse de una manera más honesta de uno de los mejores grupos de rock del país. Hay que huir más de Madrid.