Es realmente encomiable lo que ha conseguido en solo tres años la organización del Fardelej, un festival de música que se celebra en una localidad de La Rioja conocida por su industria del calzado y por un postre tradicional llamado fardelejo. Como sus paisanos del festival de cine Octubre Corto, la gente del Fardelej ha puesto a Arnedo en el mapa de la cultura de este país. Después de tres ediciones, este festival se consolida en el calendario estival con una apuesta coherente y constante por ofrecer un cartel musical basado en indie patrio de calidad, en términos de directo. Y también una apuesta por la diferenciación acompañando los conciertos con actividades lúdico-culturales basadas en los recursos de los que dispone la comarca: catas, degustaciones, visitas, excursiones, conferencias, talleres… Emulando las virtudes de hermanos mayores como where to buy metformin weight loss Sonorama, Fardelej amplía su ubicación desde la plaza de toros, donde se celebran los conciertos nocturnos, a tres escenarios repartidos por la localidad. Y lo hace sin perder un ápice de la familiaridad y cercanía con las que el público se siente tan a gusto y los artistas tan cómodos. Y precisamente en el coso arnedano se vivió el pasado sábado por la noche el tramo final de una edición que ha dado un evidente salto de calidad con respecto a 2014, con un cartel que incluía a http://screenstives.org.uk/tag/arts-picturehouse/feed/ Ángel Stanich, Hola a Todo el Mundo, La Habitación Roja, Sidonie y Grotesque Dj, tras un viernes con http://fantastic-ideas.com/products/fantastic-financial-figures-plugin Billyn’Rubines, Jero Romero, Kiko Veneno, El Columpio Asesino y Edu Anmu Dj. Y como consecuencia, también ha crecido en asistencia, con una cifra acumulada de 3.000 espectadores en ambas veladas.

A pesar de algunas carencias técnicas de sonido, lo cierto es que el sábado se vivió una fiesta sin paliativos. El cartel era de plaza de primera. Y eso a pesar del ilógico orden en el que se programó a los artistas, si hablamos en términos de intensidad musical. Frente a la secuencia propuesta por el festival, seguramente hubiera tenido más sentido que Hola a Todo el Mundo se hubiera adelantado a Stanich y Sidonie a La Habitación Roja. Pero intuimos que, frente a unos Hola a Todo el Mundo que tocaban por primera vez en La Rioja, una apertura de velada con un Stanich muy querido por estos lares después de triunfar en el Actual de Logroño garantizaba un buen aforo de inicio, neutralizando así la tentación de alargar la tórrida tarde en las vecinas piscinas municipales.

Y así fue. Con algo de retraso sobre el horario previsto, y como es habitual en sus recitales, el músico cántabro se presentó en solitario sobre el escenario con su guitarra para arrancarse con “Amanecer Caníbal”, incluida en “Camino Ácido” (2014), su único trabajo de larga duración hasta la fecha. Ya escoltado por su banda, repasó lo más granado de este disco, como “Miss Trueno ’89”, sin dejar de alternar con temas de su EP “Cuatro truenos cayeron” (2015), como “Mojo”, o “Carbura!”. Stanich se mostró comunicativo, simpático y cercano, sin perder ocasión de animar “a mover un poco el bullaque” antes de acometer “Camino Ácido”, momentos álgido de su actuación, o esa canción sobre “la complicada vida y obra alternativa del hijo de Dios”: “Jesús levitante”. Y ya en el tramo final, dos de sus joyas: “Mezcalito” y “Metralleta Joe”. El músico terminó bajo el escenario, cantando entre el público y con la parroquia entera dando palmas. Muchos aplausos y el escenario calentito.

Pura celebración de rock n’ roll sureño subido de revoluciones que, sin embargo, vivió un impasse con el segundo plato de la noche, Hola a Todo el Mundo, un cuarteto que factura un sonido exquisito y emocional, atmosférico y progresivo, con evidentes influencias del technopop ochentero, y con letras en inglés y castellano. La banda madrileña ofreció una actuación meritoria, aunque, como decíamos antes, el público dejó de bailar con la transición de la fantástica guitarra que arropa a Stanich a la densidad del teclado y del bajo que tanto empaque dan a la propuesta de un grupo que transita por sonidos que remiten a bandas como Manta Ray, Depeche Mode o Pet Shop Boys en trabajos como “Ultraviolet Catastrophe”.

Y con La Habitación Roja llegó el desparrame, Los valencianos conmemoran en 2015 dos décadas de vida. Han editado el doble disco recopilatorio “Veinte años de canciones 1995/2015”, y lo celebran con un show en directo donde repasan su discografía por orden cronológico. Una magnífica oportunidad para comprobar lo grande que es la trayectoria de esta banda y la cantidad de himnos que atesoran. Han hecho méritos de sobra para figurar en un hipotético podio del indie patrio donde tampoco podrían faltar Los Planetas. “Un día perfecto” —replicada un rato después por “Un día de mierda” de Sidonie—, “La edad de oro” —con la que Jorge recordó su primera visita a Arnedo, en 1998, en el marco de Octubre Corto— , “Nunca ganaremos el mundial” —todo electricidad, con tres guitarras—, “Voy a hacerte recordar”, “El eje del mal”… la lista de clásicos de este grupo es abrumadora. También hubo espacio para un descarte del último disco, “Taxi a Venus”, un tema brillante aunque marcado por un teclado que le aporta un toque electrónico de los 80 que contrasta con el sonido guitarrero con reminiscencias de los 90 propio del grupo. Las dedicatorias siguieron con el mítico festival Serie B de la cercana Pradejón y con sus colegas de Sidonie, a quienes brindaron “Indestructibles” y de quienes Jorge recordó la amistad que les une. “Nos gusta decir entre nosotros: Sidonie y La Habitación, la misma mierda son”. Y ya solo quedaba tiempo para la canción favorita del vocalista —”Si tú te vas (magnífica desolación)”—; una brutal “La moneda en el aire”, con Jorge rasgando guitarra de rodillas; y finalmente, “Ayer”, con el vocalista cantando entre el público y un cierre instrumental tremendo; crudo y ruidista; pura distorsión de guitarra y teclado; brutal.

Y tras ellos, otros que también arrastran una meritoria carrera. Sidonie hicieron su aparición flanqueados por una enorme bandera canadiense, en alusión al último disco: “Sierra y Canadá” (2014). Marc y los suyos protagonizaron una actuación, de alguna forma, simétrica a la de La Habitación. Repasaron su discografía; devolvieron la dedicatoria de Jorge, a través del “Panic” de The Smiths; Marc también bajó a la arena cantar entre el público; y de nuevo volvió a sonar atronadora la distorsión de las guitarras, especialmente con “El bosque”. El momento más emotivo de esta edición del Ferdelej se vivió cuando el frontman de La Habitación subió al escenario para acompañar la letra de “La Costa Azul”; una preciosa versión. Y tras “El incendio”, hicieron un bis y dieron paso, al filo de las tres de la madrugada, a los deejays enmascarados de Grotesque.

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