Era sábado, nos habíamos levantado temprano y teníamos la vida y el día por delante. Por eso cuando Sam Smit, el nuevo divo de la canción inglesa, anunció que su médico extendía un parte que su garganta no podía pagar, casi no nos enteramos. Ese día las redes sociales no estaban en Internet sino en un campo de rugby de suroeste de Madrid. Porque al final con tantas horas juntos (veintidós conciertos, dieciocho horas) uno le coge cariño a los demás, aunque difieran en los gustos musicales y en la manera de entender un acto de este tipo.

Entre nubes amenazantes y en una carpa de El País aparecían puntuales Trajano!, coloridos y madrugadores ante una centena de madrugadores y coloridos espectadores que disfrutaron de un desayuno hipervitaminizado de matices oscuros e ideas claras, teclados machacones y letras sugerentes. Un grupo que tal vez nunca vaya a reunir legiones de fans que coreen sus canciones, básicamente porque sus canciones no lo necesitan. Tras ellos, Wolf Alice dieron uno de los conciertos del festival a pesar de darlo a la hora del vermut. Los de Ellie Rowsell se plantaron en el escenario para presentar su disco “My Love Is Cool”, una carta de presentación madura y excelente. Una buena colección de canciones interpretada con puño de hierro con guante de seda, con unas tablas sorprendentes y una conexión con el público ascendente y continua. De lo deliciosamente grunge de “Fluffy” a la delicadeza de “Bros” aquí hay grupo para rato.

The Parrots salieron divertidos y se fueron divirtiendo a todo el mundo. Como sacados de otro tiempo (no sabemos si pasado o futuro) desplegaron su arsenal de referencias, su humor adolescente y su rabia sónica hasta acabar liándola bien con “All My Loving” con la seguridad persiguiéndolos por el escenario y sus aledaños.

Ya por la tarde hizo su aparición Flo Morrissey, delicada y frágil, con una voz que, a veces, tuvo que competir con el sonido de Goons en un escenario demasiado cercano. No se entiende que grupos de mucha más potencia (de vatios, of course) actúen solos y ella tuviera que tener a otro grupo al lado. Se sobrepuso y emocionó a los pocos que nos congregábamos allí (misterios festivaleros) con su folk descarnado y lúcido y con canciones tan solventes como “Pages Of Gold” o “Why” que siguieron resonando delicadamente en nuestros oídos toda la tarde. Por el mismo escenario pasarían más tarde Polock (que reunieron a una cifra muy respetable de público que coreó incluso tres o cuatro temas); a la formación (casi) original de unos The Unfinished Sympathy que rockearon con energía, repasaron los hits de su trayectoria (desde “Rock For Food” a “This Living Kills”), además de agradecer que un día el sello madrileño Subterfuge les apoyó; y a unos Second que obtuvieron una respuesta entregadísima por parte de una audiencia que se sumó desde el minuto cero a su épica algo oscura.

Neuman demostraron con su directo que son una de las mayores realidades del panorama patrio. Y eso que les tocó el momento de mayor calor de todo el festival y ese impasse en el que los que llevábamos desde por la mañana empezábamos a descansar y los que llegaban por la tarde no se acababan de situar. Ellos fueron a lo suyo, con “Turn It” por bandera, enérgicos y contundentes, con su rock directo, nítido y humanamente épico que hizo que el concierto nos llevara por el camino del éxtasis y la felicidad, de “Oh No” a “Battle Starship” sin casi resuello.

Natalia Lafourcade fue una sorpresa para muchos y la confirmación de que en un festival siempre tiene la riqueza que conlleva su variedad. Con muchas tablas, con una banda técnicamente irreprochable (a veces en el mundo indie se peca de lo contrario) y con su variado repertorio, hizo que muchos que no habían oído hablar nunca de ella se acercaran ensimismados a escuchar callados sus canciones.

La bomba llegaría luego con The Vaccines, un grupo que nació para vivir en directo y que explotan esa condición sin ningún tipo de complejos. Desde los primeros acordes de “Handsome” hasta la traca final con “Teenage Icon” e “If You Wanna”, los de Justin Young no dejaron títere con cabeza, ni pies sin baile desmadrado. Un grupo que siempre gana en directo y que sabe explotar sus limitaciones (que las tiene y son obvias) para hacerse memorables e imprescindibles.

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Tras la cancelación de Sam Smith, hubo un reajuste de última hora. Las Hinds, que no actuaron a su hora debido a que su vuelo se retrasó (actuaron el día anterior en el Solar Fest de Mallorca), se subieron al escenario en el lugar de L.A. y estos pasaron a cubrir el hueco dejado por el británico… Y la verdad que quienes no estábamos ahí por Sam Smith, tampoco lo echamos en falta. L.A. se han ganado una legión de público fiel que no deja de multiplicarse. “Aforo completo” en el escenario Dcode, mientras la voz de Luis Segura resonaba transportándonos directamente de la ciudad al océano, en un viaje tranquilo por la carretera y sin perder de vista la costa californiana. Sorprendieron empezando con “Stop the clocks”, acortando las distancias y consiguiendo atraparnos a todos bajo su radar. Una vez dentro, la paz y el buen rollo se contagiaron al público con canciones como “Living By The Ocean” o “In America”, de su último LP. Y hacia el final del camino, éxitos como “Hands”, un habitual de su repertorio que siempre consigue hacernos bailar. Eso sí, sin perder nunca esa dosis de emotividad, que despuntó en los minutos de sinceridad de “Rebel” o “Higher Place”, deteniendo todos los relojes.

Pero posiblemente el concierto del festival fue el que dieron unos Suede que jugaban en otra división diferente a los demás grupos del Dcode. Elegantes, impecables, dominando el horizonte desde un escenario que fue una nave hacia los mejores noventa y que nos llevo a lugares donde muchos estábamos deseando volver. “Beautiful Ones”, “Animal Nitrate” o “Everything Will Flow” sonaron como si fuera la primera vez que sonaban y así fue para muchos de los que venían de Supersubmarina, borrachos de muchedumbre. Los jienenses volvieron a demostrar que saben muy bien lo que hacen. Como siempre lo dejaron todo, equilibraron entre sus diferentes discos y volvieron a sacar brillo de un repertorio que no es precisamente brillante. Algo similar a lo que ocurriría más tarde con unos Izal que tuvieron otro baño de masas, como viene siendo habitual en los festivales patrios por los que pasan.

Los británicos Foals sí tienen un repertorio brillante, un frontman espectacular (Yannis Philippakis, con ese nombre ya se puede) y ciertos problemas con el directo. Me lo pareció hace dos años en este mismo festival y lo recordé el sábado cuando escuché la puesta en escena de “My Number” o la descomunal “Providence”. Pero se dejaron la piel y la voz, presentaron con ímpetu uno de los discos de este año e hicieron que todo el mundo se fuera para casa con ese nombre en la cabeza.

El festival lo concluyeron unos divertidos Crystal Fighters que entre la pachanga y el “buen rollo”, nos dejaron con ganas de que algún Dj, tras dieciocho horas de conciertos, se apiadase de nosotros. Montaron el show, pero nos recordaron que a veces hacemos artistas mitológicos a grupos con algunas canciones afortunadas.