Viernes 18 de septiembre

Mourn viven ahora mismo uno de los sueños de todas las bandas locales, jóvenes y no tan jóvenes. Y es que desde el minuto cero todos hemos seguido sus pasos. En mi caso, con escepticismo al principio y con admiración después. Han aprovechado la oportunidad de salir al extranjero en busca de nuevas salas, más público y experiencias, pero nunca podrán decir que no son profetas en su tierra. Después de girar este verano por los Estados Unidos y tocar por media Europa, donde seguro se ganaron cientos de nuevos seguidores, la banda de Cabrils tocaba en el BAM, el festival de su ciudad, con un muy nutrido grupo de seguidores, guiris de paso y curiosos con ganas de catar la propuesta de Jazz, Leila, Carla y Antonio. Su ya clásico tema instrumental para calentar las muñecas y se meten en faena con hits inmediatos con deje noventas. Pienso en “Your Brain Is Made Of Candy”, “Otitis” y “Gertrudis”. Cantaron y tocaron mejor que bien, pero si tengo que destacar algo de su actuación es su precoz seguridad bajo los focos. Ni un paso en falso, todo actitud.
Cuando faltaban unos pocos minutos para la una de la madrugada, Metz saltaron al escenario de la Plaça dels Àngels, la explanada del Macba, el spot sin rampas favorito de los skaters locales y visitantes. Con la plaza abarrotada, hasta la bandera, los canadienses atacaron sus dos primeros trabajos con su fiereza habitual -mención especial para su batería, algo así como la reencarnación del Grohl que tocaba en Nirvana- y un volumen aterrador para las primeras filas. Los del sello Sub Pop abrieron con “Headache”, un corte de su primer y homónimo largo, y siguieron sin tregua, sin pausas, para recuperar el aliento, con “Spit You Out”, “The Swimmer”, “Rats”, “Wait In Line”… Durante cuarenta minutos se dejaron la piel y, en el caso del cantante, Alex Edkins, también la garganta. El power trio echó el resto en la última, “Wasted”, cuatro minutos de puro punk con regusto al ya mítico “In Utero”, con su frontman de rodillas y un improvisado circle pit en el centro de la plaza. Texto: Luis Benavides

La programación de la jornada inagural del Bam en la Plaça dels Ángels y Joan Coromines tenía el denominador común del ruido y la distorsión. Y así fue de intensa: Para empezar a caldear el ambiente, abrieron las melodías preciositas de Beach Beach, con su pop clásico, demostrando que la conexión que han abierto entre las sonoridades musicales de la escena de Glasgow y Mallorca funcionan a la perfección. Continuaron Da Bang, grupo de Pekín. Uno esperaba que agitaran bien fuerte su coctelera de ritmos bailabes y guitarreros, pero desgraciadamente les faltó pegada y ofrecieron un concierto plano y soso que no salvó ni los gritos de su cantante. Quienes si ofrecieron uno de los bolacos de la noche fueron Loop. El grupo liderado por Robert Hampson, demostró el tópico de quien tuvo retuvo, ofreciendo nuevamente –como ya hicieron en el Primavera Sound- un concierto contundente, variado en matices, con actitud y sobrado en buenos momentos hipnóticos de guitarras furiosas.
La nota curiosa la dieron Jambinai, con su mezcla de música tradicional coreana con paisajes sonoros más ruidistas propios del death metal y el post-rock. La gracia de su propuesta está en la combinación de subidas y bajadas de momentos muy melódicos y sutiles con otros opuestos de infernal contundencia sonora. Toda una experiencia que no deja indiferente. El subidón total de la noche llegó con el trío canadiense Metz, con su combinación de punk, hardcore, rock y tintes grunge, que no dejó ni un minuto de respiro y puso patas arriba la plaza del Àngels. Texto: Albert Carreras

Sábado 19 de septiembre

Los Punsetes siempre ha sido un grupo para echarles de comer aparte. Su pop tormentoso de espíritu shoegaze contrapuesto a sus letras de punk naïf les ha convertido en un grupo con verdadera personalidad propia. Todas estas cualidades volvieron a salir a la luz en el Parc del Fórum tocando los temas de su cuarto disco “LPIV” para el sello Canadá. Pero esta vez se soltaron más de la cuenta, y nos pareció ver que Ariadna, su petrificada cantante, movió una ceja durante el concierto. En cuanto a The Suicide Of Western Culture, no cabe duda de que son un valor seguro. El suyo es uno de los mejores directos de música electrónica de nuestro país, combinando sus paisajes sonoros experimentales con los arrebatos más rítmicos y melódicos con los que trabajan en la actualidad. Todo ello, claro está, tamizado por ese característico sonido sucio y distorsionado que consiguen exprimiendo sus cacharrería y sus pedales de efectos. Texto: Albert Carreras

Año tras año, la cita en la Antiga Fabrica Damm se convierte en una masiva reunión de público de lo más variopinto. Bien, pues imagínense lo que puede ocurrir si los principales protagonistas son los británicos Crystal Fighters. (en la foto superior). Lleno total cuando estos empezaron, público mayoritariamente joven y una suerte de espíritu hippy que transcendió más allá del escenario. Porque es evidente que el grupo subraya ese tono día tras día, concierto tras concierto, desde su indumentaria al mazacote de incienso quemando que Sebastian Pringle agitaba en su puño, agitándolo alrededor de su cabeza ahora rapada y coronada por una cresta que otrora podría parecer punk. De ahí que, tras una introducción con dos txalapartaris invitados de lujo, apostasen por un concierto más amable y más buenrollista de lo habitual, lo cual viene a significar que no sonaron sus canciones más electrónicas (léase “Xtatic Truth” y “I Love London”). A cambio soltaron una ristra imbatible de hits que coreó muchísima más gente de lo que imaginable: “Solar System”, “LA Calling”, “You & I”, “Plage”, “Champion Sound” –aunque en una versión no demasiado afortunada-, “Love Natural” y “At Home”. Sin demasiadas sorpresas, por tanto. Lo que sí resultó ser toda una sorpresa es que la gente respondió más que bien a la actuación de Senior i el Cor Brutal. Podría no haber sucecido y que la distancia entre público y unos artistas en esencia bastante distantes a los británicos hubiese sido un abismo, pero no fue así. Quizás la frescura a la hora de interpretar sus temas o la irónica simpatía de Miquel Àngel Landete acortó la distancia. Quién sabe, lo que sí puedo decirles es que la gente parecía disfrutar por la combinación de humor, ironía y mala leche de los valencianos. Y eso, en el campo en el que jugaban y en las condiciones en las que lo hacían, solamente puede ser bueno. Algo parecido ocurrió con los barceloneses Ocellot, aunque su timidez y el correr con la tarea de abrir la tarde cuando la gente se iba arrimando al escenario lentamente les dejaron un paso atrás de sus compañeros de tablas. Texto: Joan S. Luna

La menuda Aly Spaltro, alma mater de Lady Lamb, está de gira por Europa con su banda y se pasó por el BAM el sábado por la noche. Aunque breve y algo lineal, su actuación en el festival barcelonés dejó destellos de la artista en potencia que es. Su último trabajo, “After”, es muy recomendable y auguramos grandes cosas para esta alumna aventajada de St. Vincent y Cat Power versión lo-fi. Texto: Luis Benavides

Ryley-Walker-Bam-2015

No había tenido la ocasión todavía de ver a Núria Graham revestida de electricidad, y no estoy seguro de que el traje más rockero y duro le siente bien a sus delicadas composiciones. Sin bajista y en formato trío Núria intenta desmelenarse y conducir con aplomo un cancionero que no ha sido concebido para tanto decibelio con coartada kraut. Prefiero a la otra Núria, la folkie y delicada, la acústica y etérea, la dulce, sedosa y aterciopelada, pero parece que los tiros no van a ir por aquí en el futuro, así que habrá que estar atentos a sus próximos pasos. Por su parte la joven promesa del folk más vaporoso, psicodélico y con ese toque jazzie nada desdeñable, Ryley Walker, (en la foto) impartió todo un doctorado de lo que debe ser un concierto en directo que te atrapa desde el minuto uno, te hipnotiza y no te suelta hasta que se pulsa el último acorde. Un viaje que bebe de la tradición folkie de la Gran Bretaña de finales de los setenta y que el de Chicago reinterpreta y adapta de forma magistral aupado por una banda impoluta. De lo mejorcito que he visto últimamente sobre un escenario. Por su parte Vetiver ejerció de broche final al escenario de la Plaça Corominas, desplegando su folk rock que a cada canción adquiría diferentes texturas, añadiendo aire de bossa o psicodelia en función de por donde le diera a este buen artesano llamado Andy Cabic, al que le faltan esas canciones que lo aúpen a otra categoría diferente a la que, con comodidad, ocupa actualmente. Siempre será más recordado como gregario de lujo que como intérprete de sus propias canciones y es algo que confirma con cada nuevo directo. Texto: Don Disturbios

Domingo 20 de septiembre

La ausencia de la inicialmente anunciada Georgia trajo al escenario del BAM a la británica Kerry Leatham, conocida artísticamente como Roseau. Roseau desplegó siete temas de su debut “Salt” (Big Dada, 15) que hibridaban entre un pop electrónico con aires futuristas y un folk más acústico. Los tempos pausados e íntimos convergían con su voz nítida y cálida, que por desgracia parecía quedar en segundo plano cuando las bases electrónicas cogían más cuerpo. El electro calmado de la tímida Roseau, acompañada por un batería y un teclista, encontró poco a poco su sitio entre un público con ganas de más. Con mucha más soltura sobre el escenario y por segunda vez en el BAM, Le Parody supo ofrecer al público los ritmos festivos que les pedían sus cervezas. Sole Parody, al mando del proyecto, se mostraba cómoda detrás del sampler y al lado del trompetista Frank Santiuste y el bajista Miguel Aguas. El trío musical interpretó con fuerza los temas del primer álbum “Cásala” (12) junto con los singles de adelanto de su nuevo trabajo, “Hondo” (15). La propuesta de Le Parody se construía a base de capas musicales –hecho que provocó perder el tempo en ciertos momentos- añadidas progresivamente y acompañando a la distorsionada y a veces descontrolada voz de Sole. Texto:  Raquel Pagès
Brandt Brauer Frick venían de Berlín con todas las garantías de que podían crear buena música electrónica con instrumentos acústicos, como el piano, violoncelo, arpa… Se presentaron con un batería y una mesa repleta de artilugios electrónicos desde la que iban disparando pistas de sonidos y sumando capas sonoras. Desgraciadamente, su propuesta fue un tanto anodina, fría y repetitiva, sin convertirse en la fiesta que la gente esperaba. Texto: Albert Carreras

Lunes 21 de septiembre

Michael Rother, componente de los míticos Neu! y Harmonía, se acercó hasta la ciudad con la difícil tarea de intentar recomponer su legado sobre el escenario. Intentar reproducir el sonido de desarrollo milimétrico que creó en los años setenta podría ser complejo, pero lo cierto es que funcionó a la perfección y su máquina kraut rock demostró estar muy bien engrasada. Lo demostró con sus ritmos “Motorik” repetitivos, minimalistas y sincopados, con un batería que lo dio todo durante la actuación, con la sugerente guitarra planeadora de Rother y con un bajista rompenueces. Entre todos, sumieron al público en una espiral hipnótica que tuvo momentos tan excitantes como los provocados por “Hallogallo”, ‘Für Immer” o “Negativland”.
El bajón llegó con la actuación de Wand. Esperábamos una colorista actuación que reprodujese los logros de su “Golem”, pero lo que tuvimos fue un concierto aburrido y lleno de parones, con cambios de ritmo sin ton ni son. Parecía que la cosa fuese a despejar cuando metían el pie en el acelerador y sonaba cañita de la brava, pero luego volvía la calma, y luego otra vez la tormenta… y mientras el público seguía hablando y comprando cerveza a los lateros. Demasiado ambiguos. Texto: Albert Carreras

Martes 22 de septiembre

El poco público de la tarde del martes en la Plaça dels Àngels no acabó de conectar con el pop-folk electrónico de la veterana Jane Weaver. Acompañada por su banda, Weaver vistió de una elegancia y precisión vocal el sonido electrónico más futurista de su reciente “The Silver Globe” (15). La ejecución fue realmente buena, pero los temas, demasiado largos, hicieron desconectar al público en muchas ocasiones –a excepción del bailable “Don’t Take My Soul”-. Conforme el repertorio avanzaba, la cantante demostraba su experiencia con mucha calma sobre el escenario, aunque le faltó lo que a su joven guitarrista parecía sobrarle en algunos momentos: energía escénica. La propuesta musical de la también británica Lonelady encajó mejor con la actitud del público. Julie Ann Campbell, cantante y guitarrista, subió al escenario junto con los tres componentes de su banda vestida con un jersey en el que ponía “Beat”, algo que no faltó en su directo. Los ritmos funk frenéticos de las guitarras junto con el pop electrónico dejaron claro a un público bastante más animado los motivos por los que su segundo álbum “Hinterland” (Warp, 15) ha recibido buenas críticas. Con tímidos movimientos de cadera y cómoda detrás de la guitarra, Campbell consiguió que los asistentes siguieran con los pies y la cabeza los ritmos de sus canciones. Texto: Raquel Pagès
Fueron solamente cuarenta y cinco minutos, pero la tormenta eléctrica que desplegó Bombino y su trío fue altamente intensa y exuberante. Batería, bajo y guitarra trazaron los mimbres de ese crudo blues del desierto, hipnótico y envolvente, mientras Bombino iba acelerando los ritmos circulares de su guitarra para hacerlos explotar con unos solos melódicos pero explosivos. Si a eso le sumamos lo singular de la vida de este tuareg de Níger, no cabe duda de que debemos tenerle siempre presente. Fue expulsado de su familia (con diecisiete hermanos) por dedicarse a la música; el 2007 y en plena rebelión Tuareg, el gobierno de su país mató a dos de sus músicos; es amigo de Angelina Jolie y su último disco hasta la fecha, “Nomad”, fue producido por Dan Auerbach de The Black Keys. ¡Qué vuelva pronto! Texto: Miguel Amorós