El mítico Avalon Café de Zamora inauguraba su temporada de conciertos tras el parón veraniego con unos habituales del local como Blueperro, quienes lograron rozar el lleno durante las dos noches consecutivas en que estaban programados.

La banda afincada en Madrid cuenta con un par de atractivas referencias discográficas en el mercado, “Blueperro” (Auto, 11) y “Just People” (Grasa Records, 13), pero lo cierto es que su hábitat natural se encuentra (sin disimulo) en unos escenarios desde los que cosechan una popularidad cada vez más creciente.

Una reputación merecida y motivada por representaciones de gran efectividad, en base a una fórmula tan conocida en teoría como de complicada consecución práctica. El grupo se muestra cómodo en un papel que le permite comunicar pasión y virtuosismo desde las tablas, en lo que viene siendo el resultado de juntar a un buen vocalista, cuatro músicos excepcionales y con trayectoria, y una absoluta complicidad ejecutiva. Si además la maquinaria se engrasa con un tránsito ágil y sin complejos entre géneros alternos como funky, blues, reggae, rock, americana o jazz, el éxito está asegurado.

Es precisamente esa variedad la que funciona como arma de doble filo, resultando mayoritariamente agradecida al tiempo de generar una cierta e inevitable confusión y dispersión en el conjunto. En cualquier caso, lo estratosférico de su interpretación y un disfrute compartido en plena comunión con el público invitan a no cuestionar una velada de indudable atractivo para cualquier amante de la música en vivo. Y es que los conciertos del cuarteto puede que no dejen poso más allá de un par de semanas, pero durante casi dos horas se disfrutan como si fuese el último. Y ése no es precisamente un mérito menor.