La noche prometía, y nadie salió defraudado de un programa doble donde Cuello presentaban en casa su último disco, “Trae tu cara” (BCore/Mascarpone/Flexidiscos, 2015), publicado tras dos obras maestras: “Mi brazo que te sobre” (BCore 2013) y “Modo eterno” (BCore 2014).

Comenzaron, ya con la sala llena, los también locales Acapvlco, que de esta manera agradecían a Cuello que les hubieran dado la alternativa hace algo más de un año y en el mismo lugar. Han mejorado una barbaridad desde aquel primer bolo y su sonido ha ganado en contundencia y coherencia. Parecen unos Nirvana playeros y adictos al skate, y sus canciones pegadizas y de ritmo actual contienen elementos que van desde los años setenta hasta los noventa. Encantados de estar allí, incluyeron en su set algunos temas de los que han grabado este verano, que pronto verán la luz en un EP en formato físico, y terminaron con “Nothing to do”. La suya ha sido una magnífica progresión, siempre subiendo el listón, y el comentario unánime era que los jóvenes Acapvlco son toda una promesa en ciernes.

Tras ellos, llegó el plato fuerte de la noche. Los pocos que aún no conocían a la banda, aseguraban no tener muy claro el estilo que profesan, aunque admitían que su sonido y pegada son alucinantes. Y es que Cuello son así, inclasificables, hacen rock and roll con aderezos de todo tipo, liderados por un Jose Guerrero magistral, que arenga constantemente entre canción y canción al resto de la banda con constantes “venga, vamos”, para que la cosa no pierda ritmo y se queden sin respiro unos (el grupo) y otros (el público). El cantante y guitarrista acaba de superar una lesión en su mano derecha, de la que no se notó secuela alguna, tras haber recibido el alta médica con la prescripción facultativa de poder realizar vida normal (el doctor, claro, no tenía ni idea de que la vida “normal” de Jose consiste en rasgar salvajemente la guitarra).

Óscar Mezquita, procedente del hardcore más salvaje (Derrota, Zanussi), no sabe tocar la batería de otra manera que no sea aporreándola con una contundencia fuera de lo normal, como si cada tema fuera el último. Como siempre, acabaría el concierto en calzones y exhausto (en la prueba de sonido ya destrozó una baqueta, que acabó en la otra punta de la sala). Al bajo, un Nick Trampolino Perry sonriente, marcando el ritmo a la perfección y con mayor protagonismo en los coros de los temas pertenecientes a este último disco. Y para acabar de conjuntar las piezas del puzle, Ubaldo Fambuena, aportando unos punteos de guitarra que dan a las canciones vida propia.

Acompañó la perfecta sonorización de la sala, en la que se distinguía cada acorde, la voz, los coros, aún con el sonido atronador de la batería (colocada en primer término) por medio. La banda fue tocando alternativamente las canciones de sus discos anteriores con las nuevas, provocando que la gente, entusiasmada, coreara clásicos como “Estudiándote”, “Trazo fino” o “San Balón”, y degustara los más recientes, que encajaron fácilmente con el resto del repertorio desde el comienzo, ya que abrieron con la primera canción de su tercer LP, “Trae tu cara y decórala bien”, y cerraron con la también nueva “Deseo de explosión”. En el obligado bis, que aumentó aún más el nivel de jolgorio y éxtasis colectivo, sonarían “Mosquetero Débil Cisne” y “Tu Fuego de Luces”, para despedir de manera inmejorable una noche para recordar.

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que Cuello es uno de los mejores grupos actuales a nivel nacional. Así da gusto.