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La historia de Kaz (New Jersey, 1959) puede ser también la historia del cómic underground en los últimos treinta años y a la vez la de su inesperada consecuencia: la nueva era dorada de la animación infantil, esos dibus que se convierten en viajes psicodélicos en toda regla y que consumen por igual padres y chavales en canales de tv como Boing. Allá por los primeros 90, cuando Kaz malvivía dibujando tiras de prensa y colaborando para el mítico “Raw” de Art Spiegelman, difícilmente podía imaginar que sus diseños de personajes se convertirían e juguetes destinados al mercado de coleccionistas y menos aún que tras haber revolucionado el concepto de los dibujos animados para niños con Bob Esponja, Tim Burton le llamaría para incorporarse a su equipo creativo. Y sin embargo así fue, tras tirarse varias décadas contando historias de yonquis, inadaptados y depravados sexuales en Submundo, este rockero de Hoboken (sí, como Yo La Tengo) ha terminado por convertirse en uno de los nombres claves a la hora de analizar cómo se han desarrollado los contenidos de entretenimiento infantil en la última década. De hecho Kaz siempre ha mantenido que si a sus salvajes humoradas les eliminas el sexo y la violencia sus tiras no son en esencia tan diferentes de “Peanuts”, “El fantasma Casper” o cualquier otro clásico con coartada infantil. No sé hasta qué punto no se está haciendo un poco de trampa con esa afirmación, pero…

En cualquier caso, antes de esa vida de nuevas y rutilantes posibilidades económicas y temáticas, Kaz era un punk-rocker de pro que trasladaba al psicotrónico universo de “Submundo” sus experiencias vitales, para crear un lugar mugriento habitado por extrañas criaturas como la icónica Creep la rata o esa suerte de zaparrastroso primo lejano de Popeye el marino bautizado como Snuff. Si el primer volumen publicado por Autsider afrontaba las tres primeras “temporadas” de la saga, este segundo volumen hace otro tanto con las tres siguientes (el periodo que va de 1999 a 2005), incluida la sexta y última, bautizada como “We Are Not Saints” y que es un material todavía inédito hasta en los EEUU. Más allá de que por su temática y formas es un material que busca la complicidad de un tipo de lector de cómics con un perfil muy específico –Underground con mayúsculas- la publicación (y de qué manera: bravo por Autsider una vez más) de este integral en dos volúmenes es uno de los acontecimientos comiqueros del 2015.