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Art Spiegelman explica en el prólogo cómo para él las Torres Gemelas se derrumbaron dos veces. Una fue el 11 de septiembre de 2001 y la siguiente en los meses y años posteriores por el uso que el Gobierno de EEUU le dio a la lucha contra el terrorismo, excusa perfecta para promover una guerra en Oriente Medio (algo de lo que desgraciadamente también en España sabemos bastante). Spiegelman llevaba en 2001 una década sin producir cómic, una actividad que al autor de “Maus” le exigía demasiado para el casi nulo rendimiento económico que le revertía. Además Spiegelman siempre ha sido un autor de producción exasperantemente lenta: trece años le llevó concluir su epopeya de gatos y ratones basada en el recuerdo de los campos de concentración de su padre. Y, para rematar, el patrioterismo barato que siguió a los atentados del 11-S y se encargó de promover la Administración Bush prácticamente cerraba la puerta de cualquier tipo de publicación mínimamente crítica con la gestión de la tragedia. Y bien sabido es que si por algo se conoce a Spiegelman es por su carácter progresista…

Así las cosas, el influyente autor judío se encontraba ante una disyuntiva de difícil solución… Tanto sus vivencias en primera persona del día fatídico -con su hija en una escuela a los pies de las Torres Gemelas de la que Spiegelman y su mujer la sacarían indemne- como todo lo que ocurrió en las siguientes semanas le empujaban a volver a empuñar el lápiz para hacer su propia explicación/exorcismo de lo que estaba ocurriendo. Por otra parte ningún medio estaría dispuesto a publicar sus viñetas; ni siquiera el New Yorker, que en los días posteriores a la tragedia le encargó la portada de uno de los números más importantes de su Historia y en el que además su esposa trabajaba de Directora de Arte. ¿Ninguno? Bueno, siempre hay una ventana a la esperanza…

El semanario alemán Die Zeit le propuso a Spiegelman una serie con planchas de gran formato, a imagen y semejanza del cómic clásico del que es devoto incondicional, y sin ningún tipo de cortapisa inquisitoria. A la hora de la verdad a la publicación de esas páginas que son las que ahora se reeditan en forma de álbum (Norma Editorial las publicó por primera vez hace una década) se unieron una serie de periódicos y revistas europeos: en EEUU sólo encontraron acomodo en Forward, un semario para la comunidad judía de corta tirada.

El por qué de tanta reserva es bastante evidente cuando se abre este álbum de apenas una veintena de páginas en formato cartón de gramaje casi imposible. En medio del relato personal y entre homenajes a Herriman o McCay se cuelan críticas nada veladas, con el Tío Sam dejando arder a una pareja de inocentes niños mientras se dedica a fumigar el bosque, o una lluvia de botas de cowboy aplastando a los ciudadanos-ratones que Spiegelman hizo inmortales con “Maus”.