El último año ha sido un tiempo de sorprendente actividad para Mercromina, en lo que ha sido un inesperado retorno tras su disolución en 2005. Este sábado 3 de octubre con su concierto en Ochoymedio ponen punto y final a este curioso epílogo para uno de los nombres de referencia en la Historia del pop español.

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Si todos los que mantenemos la tesis de que Surfin´Bichos son una influencia fundamental para la explosión indie de los años noventa hubiéramos comprado sus discos en su momento, la banda de Fernando Alfaro sería mucho más que un grupo de culto. Entre 1998 y 1994 firmaron trabajos oscuros de rock vigoroso y sucio, tan difíciles de escuchar en algunos momentos como reconfortantes.

El cansancio y las ganas de no repetirse, unido a un contexto en el que una banda acostumbrada a los conciertos organizados por Ayuntamientos en lugar de por promotores lo tenía bastante complicado para bajar el ritmo, les llevó a poner punto y final a un proyecto que fue transición entre dos modelos muy diferentes: el de las multinacionales y el de las (todavía) pequeñas independientes que surgieron con la explosión indie en los primeros 90.

Más allá de la conversación de barra de bar sobre si hubo o no una “escena”, lo cierto es que lo que sí que salió a la luz fueron las ganas. De hacer música, fanzines, de montar conciertos o los primeros festivales. Con más ilusión que pericia, en muchos casos. Con una nada reprochable mentalidad de negocio en otros y con el denominador común de la ilusión y la a veces enfermiza necesidad de ver y ser vistos en todos los casos.

En este escenario, y sin dejarse llevar por el “síndrome del local vacío”, nacían Mercromina en 1995. A pesar de ser una banda nueva, Carlos Cuevas, José María Mora y Carlos Sánchez eran músicos experimentados que, simplemente, no querían dejar de tocar. Con Joaquín Pascual al frente, fueron uno de los grupos punteros de Subterfuge y debutaron con un álbum de sonido maquetero (las demos entregadas a la compañía se editaron casi como se registraron en un estudio en Albacete) en el que había muchas ideas y referencias a lo que vendría después. Las expectativas por parte de la crítica eran altas, con esas ganas tan españolas de destrozar el trabajo ajeno, pero Mercromina no defraudaron. Dos años después firmaban “Hulahop”, acercándose al pop sin complejos ni miedo al qué dirán, en el que ya experimentaban con las capas de guitarras y sintetizadores y unas letras de estructura compleja que no dejaron de evolucionar. A pesar de tener grandísimas canciones no fue un disco tan directo como el anterior. Poco a poco fueron quitándose la etiqueta que les señalaba como “el grupo de los antiguos componentes de Surfin’ Bichos” para crear un universo propio en el que las texturas eran tan importantes como las melodías.

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Una larga gira y un año de descanso fueron los antecedentes de “Canciones de andar por casa”, en el que contaron con la colaboración de Nacho Mastretta, de Irantzu Valencia de La Buena Vida y de la Orquesta Sinfónica de Albacete. Fue un álbum elegante y soberbio, que escondía mucho más de lo que aparentaba en las primeras escuchas y que pudo crecer mucho más de no haber sufrido la banda algunos problemas de salud y de compatibilidades laborales. Después del parón obligado por las circunstancias, llegamos a 2002, año de publicación de “Bingo”. Sin duda, su trabajo más complejo y completo, un disco en el que se lanzaron de cabeza a la experimentación y que no tuvo la repercusión que la banda esperaba. Las tensiones internas, amplificadas por las largas giras, les llevaron a separarse en 2005 tras editar “Desde la montaña más alta del mundo”. Fue un momento de lucidez en el que optaron por no alargar algo que podía haber seguido por inercia, pero que ya no les hacía del todo felices. Su directo en esos momentos era impecable, y de esa fuerza nacieron unas canciones que tan sólo el tiempo ha puesto en su lugar.

El verano de 2014 traía de vuelta a los escenarios a la banda de Albacete en el 25 Aniversario del sello Subterfuge. Las tablas del Matadero de Madrid fue testigo de un concierto redondo, con una potencia que se echa en falta en las bandas más jóvenes y que planteaba la pregunta de si alguna vez habría nuevo material de Mercromina. Con cierto miedo y mucho respeto por su carrera, el grupo no parece muy dispuesto a ello, aunque se han dado el capricho de volver a grabar las canciones de su primer single: “Ciencia Ficción” y “Alicia”, un tema que nunca tocaron en directo. Con una más que loable intención de no manchar su memoria, se despedirán (temporalmente, no quieren llamarlo separación) de los escenarios el próximo sábado 3 de octubre en la sala But de Madrid, dentro de los conciertos de celebración del 15º Aniversario del Ochoymedio.

Y a continuación, veinte años después de la formación del grupo, Joaquín Pascual hace un repaso a la trayectoria de Mercromina…


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¿Qué balance haces de la carrera de Mercromina?
Yo creo que bueno. De alguna manera fuimos un grupo que siempre intentamos hacer cosas diferentes en cada disco, marcarnos unos pequeños retos y caminar siempre hacia delante. Lo que buscamos es lo que intentamos, y tengo la sensación de cada disco de Mercromina era mejor que el anterior y que en cada álbum nos hemos encontrado un poco más a nosotros mismos.

¿Ha sido una experiencia que ha merecido la pena?
Ha sido algo muy bonito y todos esos años que estuvimos juntos nos han llevado a algún sitio. Pensándolo con la distancia, creo que en ese proceso de búsqueda y de cambio al que nos sometimos hubo cosas muy buenas y otras que no estuvieron tan logradas. Siempre intentamos darle una vuelta a lo que nos resultaba cómodo, y de esa manera a veces se comenten errores.

¿Cuál es el mejor momento que recuerdas en el grupo?
A nivel sentimental hay muchos muy buenos y que han sido muy importantes a nivel personal, aunque lo primordial son las canciones. Uno muy bueno es la grabación de “Bingo”. Fue un punto de inflexión para nosotros, de ser conscientes de que teníamos algo entre las manos que era importante y darnos cuenta de que se podía dar forma a canciones y a texturas de sonido que ya nos pertenecían.

¿Hubo momentos difíciles dentro de la banda?
El final del grupo, cuando vimos que lo mejor era abandonar, fue un poco triste. En nuestra relación como personas también ha habido épocas complicadas, pero las ganas de hacer canciones y de tocar siempre han resuelto los problemas.

¿Cómo estáis viviendo la vuelta a los escenarios?
Nos reunimos para la fiesta de Subterfuge en el Día de la Música, y nos vimos bien. Sentimos que nuestro sonido estaba vivo y que aún teníamos esas sensaciones al tocar que nos eran tan familiares hace diez años. Parecía que merecía la pena seguir un poco más si habíamos llegado hasta ahí. Cuando tocamos estamos muy cómodos y lo pasamos muy bien, que es la única razón de hacerlo ahora mismo.

Tras la disolución de Surfin’ Bichos, ¿cómo llegáis hasta Mercromina?
Fue todo un poco rodado; el grupo se separó y nosotros manteníamos el local de ensayo y seguimos sin Fernando. Empezamos con algunas versiones, a hacer canciones nuevas un poco como suelen suceder estas cosas, casi por inercia. No hubo un punto final y una continuación; no decidimos en ningún momento que íbamos a montar otro grupo. Nos dedicamos a construir canciones porque el noveta y cinco por ciento de los temas eran de Fernando Alfaro. Todos habíamos tenido grupos antes antes de Surfin’, así que volvimos a coger esa onda de componer e intentar que tuvieran sentido para nosotros. Supongo que cuando tuvimos unas cuantas canciones y empezamos a ilusionarnos, grabamos un par de demos y seguimos con el grupo.

¿Qué tocasteis el primer día que quedasteis?
Hacíamos algunas versiones de rock progresivo, rollo Pink Floyd. Improvisábamos mucho, yo tenía algunos riffs sobre los que trabajábamos. Con Fernando era distinto, él traía las canciones y nos las enseñaba. Cuando empezamos solos adoptamos una fórmula diferente, nos dejábamos llevar mucho más.

¿Tal vez no tener una estructura tan cerrada en las canciones os dio más confianza al principio?
Creo que las mejores canciones de Mercromina son las que han salido sobre estructuras un poco abiertas que yo llevaba al local y en las que el grupo se sentía muy libre. De hecho, “Bingo” es un disco que se hizo completamente así, a partir de riffs y de pequeñas estructuras de teclados. Cuando las canciones son más abiertas, caben más cosas, y las texturas también se acoplan mejor a trabajar con muchas capas, ya sean guitarras o sintetizadores. Hemos descartado tantos temas como hemos grabado porque no llevaban a ningún sitio. Podían haber sido igual de buenos, pero de alguna manera alguien no se sentía cómodo y no funcionaban.

¿Cómo era empezar casi de cero con un grupo en una ciudad como Albacete?
Me cuesta mucho pensar en el pasado, porque nunca he dejado nunca de tocar. Albacete es una ciudad que tiene un público muy receptivo para la música y que aunque es pequeña tiene muy buen ambiente. Hay grupos buenos e inquietud, pero no hay salas y es muy complicado tocar. Las programaciones que hacen los Ayuntamientos son muy malas, y a nivel privado es difícil. Es complicado que la escena que hay aquí se pueda desarrollar. Ha podido haber un momento en el que se ha intentado, pero lo cierto es que ahora creo que estamos peor que nunca.

¿Cómo vivisteis el paso de la época de las multinacionales a la creación de un entramado independiente en los 90?
Con bastante ilusión, porque coincidió con la época en que dejamos Surfin’ Bichos y empezamos a tocar con Mercromina. Justo cuando teníamos una primera demo y pensábamos en sacar un disco, habíamos dejado RCA y yo tampoco tenía mucha relación con ellos porque Fernando era el que llevaba la relación. Al final, tanto ellos como nosotros estábamos un poco hartos. En ese momento Subterfuge ya estaba funcionando, también Radiation, puede que Elefant… Para nosotros era una situación mucho más sencilla que acceder a las multinacionales, que eran edificios enormes con un montón de gente trabajando que no conocías de nada y que te hacía sentir muy pequeño. De repente, todo eso cambiaba. Llamabas a Subterfuge y el teléfono te lo cogía Carlos Galán directamente. Cuando iba a verle a Madrid me quedaba a dormir en su casa. Ya no sólo era la relación entre el músico y la compañía de discos, sino algo mucho más sencillo: este es el dinero que hay y esto es lo que podemos hacer. Para nosotros fue un cambio muy grande.

¿Es tal vez “Bingo” el disco del que te sientes más satisfecho?
Yo creo que sí. Todos tienen cosas que nos han hecho proyectarnos hacia delante; no sé si es algo real o algo que yo me creo, pero a mí me sirve. “Bingo” es el álbum en el que se plasma esa sensación de experimentar con la sensación de controlar lo que estás haciendo: las canciones están muy bien y no dice todo a la cara, pero que cuenta muchas cosas. Me parece que es el momento álgido de Mercromina. Es muy significativo que en el repertorio hay cuatro o cinco canciones de “Bingo”. “Acrobacia”, por ejemplo, se grabó con muy pocos medios y se editó prácticamente como estaba en la maqueta, simplemente lo remezclamos un poco. Ha habido trabajos en los que el grupo ha estado más concentrado y haciéndolo todo con mucha implicación, y otros en los que nos hemos dejado llevar un poco. Siempre he tenido la sensación de que a “Acrobacia” no le prestamos toda la atención necesaria.

A la hora de empezar a escribir las letras de Mercromina, ¿te preocupaba ser demasiado sincero?
Ahora estoy escribiendo las letras del próximo disco que voy a grabar yo solo y hay cosas que me recuerdan a las canciones de “Acrobacia”. No es que no quisiera ser sincero, sino que probablemente no sabía hacerlo bien. Tampoco creo que las canciones tengan que ser totalmente sinceras, sino transmitir una realidad que está ahí. Todo tiene que ser creíble para el que lo escribe y cuando empecé a escribir no siempre tenía esa sensación. Hay canciones del primer disco que si me preguntas algo sobre la letra, no sabría responder porque están construidas de una manera muy diferente a como lo haría ahora. Partía de algo que era tangible pero se rodeaba de texturas con el lenguaje que no siempre tenían un significado real o que llevaban a algún sitio. No es que hubiera frases o palabras al azar, pero sí que podían estar colocadas para que encajara. Ahora, por ejemplo, me gustaría poder tener esa forma de construir, pero me cuesta mucho hacer algo así. Hacer cosas más reales me cuesta menos.

¿Qué relación teníais con otros grupos?
Muy buena. Con Mercromina hemos tocado al inicio del FIB, de los festivales, y con Surfin’ casi nunca compartíamos cartel y con Mercromina en seguida empezamos a hacer conciertos con los grupos de Subterfuge. Con Australian Blonde, Purr, Undershakers, Dover, Los Planetas… Tenemos un montón de amigos en otras bandas y también hemos colaborado con otros grupos algunas veces. Ahora teníamos intención de tocar con Triángulo de Amor Bizarro e incluso hacer algo juntos, pero al final, de momento, no va a poder ser.

¿Os habéis planteado reeditar algo del material?
Esto es algo que sí había intención de hacer. Carlos Subterfuge habló de hacer un par de reediciones vinilo, y la idea era haberlas tenido un poco antes. Tenemos un concierto en el Ochoymedio en Madrid el 3 de octubre y seguramente nos lo tomemos con mucha calma después. Si surge la posibilidad de volver a tocar lo haremos, pero nos vamos a centrar en nuestros proyectos. Esperemos que los vinilos lleguen para esa fecha. Hay algunas canciones extra que no se publicaron en las grabaciones de “Bingo” y la verdad es que nos encantaría incluirlas en una reedición.

¿Podrá haber alguna vez nuevas canciones de Mercromina?
No sé qué decirte. Cuando fuimos al estudio a grabar este single grabamos un par de canciones nuevas pero no sé si las sacaremos algún día. Más allá de eso, creo que no tiene sentido sacar nuevo material. Después de tanto tiempo y de tantas canciones, sacar algo nuevo es una responsabilidad muy grande y tampoco sé si es algo que nosotros o nuestro público vaya a agradecer. Nos gustaría sacar un EP para de alguna manera dejar algo escrito de esta reunión, pero más allá de ese EP no creo que haya nada. Una cosa es tocar las canciones de antes, recuperar tu sonido e intentar sentir lo que sentías, y otra hacer canciones nuevas. Puede que no debiéramos darle tanta importancia, lo mismo no es tan grave. Veo a los grupos de hace diez, quince años que se juntan, y claro que me apetece ir a verles, pero ¿siguen manteniendo la misma magia? ¿Y si te defraudan? Por eso hemos sacado el single, porque sí que queríamos que hubiera algo que dejara constancia de este momento. Es un pequeño regalo que nos hacemos a nosotros mismos y que esperamos que a la gente le guste.

¿Por qué volver a grabar las canciones de “Ciencia Ficción”?
Creíamos que podía ser interesante para nosotros y para el público grabar de nuevo las canciones del primer EP. “Ciencia Ficción” es una canción que nunca hemos dejado de tocar y ha estado en todas las giras. Es la primera que grabamos y ya marcaba la disciplina de composición que vino en el futuro, construida con un muro sónico muy grande y con mucha improvisación. Es un tema que nunca nos ha salido dos veces igual al tocarla en directo. La estructura se mantiene pero hay partes que son un caos y cada uno hace lo que en ese momento siente. Era un poco un homenaje al momento en el que empezó el grupo. También la banda ha cambiado, la nueva versión es un poco diferente, con elementos que hemos ido introduciendo a lo largo de los años. Las voces tienen un filtrado diferente, con la textura, los delays, los gritos. Al principio era más esquelética y nos parecía bonito reflejar esa evolución o ese paso del tiempo en esa canción. Ya que estábamos, incluimos “Alicia”, que es una canción que nunca hemos tocado en directo. Yo creo que es un single bonito y que aparte del valor como documento que tiene para nosotros, es una muestra de lo que fuimos y de lo que somos.


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3 momentos de Mercromina en directo

Texto: Carlos Cuevas

 

  • “Frágil”. 1998. Contempopránea.
    Nuestra manera de vivir los festivales siempre ha sido muy especial, disparatada y apasionada. En muchas ocasiones nos hemos visto abocados a noches sin fin y caminos de vuelta a casa un tanto truculentos pero siempre disfrutando intensamente el momento de interpretar nuestras canciones. Aquí se puede ver “Frágil” en nuestra primera visita al Contempopránea, hechos aún unos chavales y con mucha energía por consumir.

 

  • “Vals de ballenas”. 2002. Albacete.
    Tal y como dijimos en su día, el concierto de Mercromina en el Teatro de la Paz, acompañados por tres violinistas y dos chelistas de la Orquesta Sinfónica de Albacete fue, quizá, uno de los momentos más arrebatadores de la vida del grupo. Tuvimos la suerte de repetir formato en varios festivales más como Benicasim y el BAM. Inolvidable.

 

  • “Evolution”. 2014. Matadero.
    El regreso, casi diez años después, con ocasión del Día De La Música y el 25º aniversario de Subterfuge. En un principio solo volvíamos para hacer este concierto pero el contacto y la atracción con el repertorio elegido (unido a la respuesta de la gente) fue tan bestia que decidimos alargarlo un poco. Así hasta día de hoy, quedan algunos más y los pensamos disfrutar al máximo, no sabemos hacerlo de otra forma.