Aunque publicó su primer disco en 1981 y compartió formación con el mítico Poch, para la mayor parte del público la carrera de Rafael Berrio ha resultado subterránea hasta la publicación de “1971”, el primer disco bajo su propio nombre al que han seguido “Diarios” y el reciente “Paradoja”. Para los lectores de MondoSonoro tal vez resulte más familiar el nombre de Luis Fernández o al menos de las bandas en las que toca el bajo (Juventud Juché, Los Punsetes) y el sello desde el que ha plantado la semilla de buena parte del underground nacional en el último lustro, Sonido Muchacho. A continuación os ofrecemos una conversación a tres bandas en la que ambos enfrentan puntos de vista y comparten idéntica pasión por la música.


Me consta que Luis es muy fan de tu trabajo, no sólo de los tres discos que has publicado bajo tu propio nombre sino también de grupos y proyectos anteriores: Amor A Traición, Deriva, UHF,… En tu caso ¿conoces los grupos de los que Luis forma parte?

Rafael Berrio: Me dijiste que tocaba con Los Punsetes, ¿cierto? Y había otro grupo…

Luis Fernández: Sí, Juventud Juché.

RB: Me suenan Punsetes, pero lo cierto es que no he seguido a ninguno de los grupos. ¿Qué significado tiene “Juché”?

LF: Es un término norcoreano que hace referencia a la filosofía de la juventud del Partido Comunista.

¿Cuántos años tenéis cada uno?

LF: Yo 26

RB: 51

¿Y qué relación, musicalmente hablando, tenéis con la generación del otro?

RB: Personalmente estoy muy desconectado. Sigo a cuatro amigos por proximidad, pero he perdido esas ganas por descubrir cosas… Lo único que me despierta curiosidad ahora mismo es la música clásica.

¿En qué momento te diste cuenta de que habías perdido el interés por escuchar a tus contemporáneos?

RB: El bagaje se adquiere durante la adolescencia y lo desarrollas pocos años después. En mi caso me quedé deslumbrado con Velvet Underground y eso es como la familia, que no la puedes cambiar.

No eran tampoco discos que se estuvieran publicando en ese momento ¿no?

RB: No. Piensa que en España se descubrió a Lou Reed por el 73 o 74 con el “Transformer” y “Walk On The Wild Side” y todos echamos la vista para atrás y recuperamos retrospectivamente los discos anteriores. De todas formas yo creo que Velvet Underground no era un grupo demasiado conocido en su tiempo ni siquiera en Nueva York. Y por aquella época todavía era un crío,  nací en el 63. También descubrí la música francesa a esa edad. Y luego ya todo lo que viene después no te sorprende… tanto. Ahora llevo unos años en que lo único que verdaderamente me sorprende es la música renacentista y cosas así, pero bueno, reconozco que es una extravagancia.

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¿Y en tu caso, Luis?

LF: Nosotros lo tenemos todo accesible gracias a internet, y la música de la generación de Rafael es la referencia más inmediata que tenemos los de la mía cuando tiramos un poco para atrás. Recuerdo la primera vez que le escuché, tras leer una entrevista que le hizo Sabino Méndez en Babelia. Yo era fan de Sabino, de su escritura, y una cosa llevó a la otra.

RB: Sí, fue un texto que se publicó al hilo del lanzamiento de “1971”. Sabino muy cucamente me citó un día aquí en Madrid, porque nos conocíamos pero no demasiado, e inicialmente no me dijo para lo que era. Luego me contó que su idea había sido hacer esa “semblanza” que al salir en Babelia tuvo cierta repercusión. Yo tengo una anécdota con Sabino: hace 15 o 20 años fue a San Sebastián a dar una conferencia por la época del “Corre rocker corre”, fui con mi hermano a verle y nos reconoció: “Vosotros sois los Berrio ¿no?”. Entonces sacó de su bolsillo una cassette que le acompañaba a todas partes y vi que era mi letra, con el teléfono y la dirección de la casa de mi madre donde vivía hacía años. Era la maqueta previa a mi primer disco, que grabaría alrededor de 1980 y que a él le había regalado en su día un amigo suyo de San Sebastián. Entonces ya empezamos a hablar de Amor A Traición, que en su opinión era uno de los grandes grupos de los ochenta aunque nadie nos hubiera hecho caso en su momento.

LF: El primer disco de Amor A Traición salió catorce años después de que se grabara ¿no?

RB: El repertorio que salió publicado en el primer disco en 1994 (“Amor a traición”, Gasa-Warner) en realidad se había compuesto en 1988 o algo así, pero como no teníamos casa de discos ni nadie nos quería publicar… Porque en aquella época por allí sólo existía el Rock Radical Vasco y a los que cantábamos en español nos hacían un vacío absoluto. Yo no me vine a Madrid, así que estuvimos años y años en el local de ensayo hasta que un repertorio llegó a Madrid y Warner se interesó por ello.

Supongo que esa era una situación que viviste desde principios de los 80.

RB: Sí, porque yo estaba integrado en una facción a medio camino del punk y el pop colorista, diferente de ese otro punk concienciado y político que se practicaba más en el extrarradio y poblaciones pequeñas.

LF: A ese Rock Radical Vasco se le potenció desde las instituciones ¿no?

RB: Sí, totalmente.

Luis, traído a nuestros días, ¿cabe hacer esa diferenciación entre una escena art-punk y otra escena que cuida menos las formas y tiene un alto componente político? Y de ser así, ¿tienes la sensación de que discurren paralelas sin llegar nunca a tocarse?

LF: El “punk” se ha convertido en algo complicado de catalogar que ya no sabes del todo bien si hace referencia a un sonido, a una actitud o a qué… Intuyo que las cosas han cambiado porque lo ha hecho la sociedad y la politización de la misma. Hoy es impensable que un Ayuntamiento contrate a un grupo para las fiestas del pueblo por tener un pensamiento afín al mismo.

Bueno, el factor lingüístico sí que sigue siendo determinante para acceder a las subvenciones públicas en muchas Comunidades. Pero, al margen de esto, sí que sigue existiendo una serie de bandas que se mueven por okupas o centros autogestionados frente a las que lo hacéis en el circuito independiente ¿no?

LF: No creo que haya tanta diferencia. Hay menos público y menos atención por parte de los medios y eso se traduce en que una banda como Juventud Juché estamos compartiendo escenarios con Sudor u otros grupos puramente punk.

Volviendo a la cuestión generacional, Rafael, ¿el peso que en tu generación tuvo la literatura, y más concretamente la poesía, es uno de los grandes elementos diferenciales con la actual?

RB: Tampoco creo que todo el mundo deba hacer “poesía”. Es sólo una opción. El rock tiene mucho de directo, de salvaje, y en su origen está el “Auanbabuluba balambambú” que no dice nada y personalmente a mí me encanta.

LF: Yo te diría que sí, que es cierto. Hoy manejamos referencias mucho más orientadas a internet: lectura rápida, consumir música rápidamente,… Tengo acceso a muchos más grupos, a muchos más textos, y la consecuencia es que no profundizo en ello de la misma forma. Es como la gente que ya es incapaz de leer la página de un periódico porque necesita pasar hacia abajo haciendo scroll. Y en ese sentido estoy de acuerdo en que la literatura ha perdido peso a la hora de afrontar una letra y se nota. Hay buenos letristas ahora, por supuesto que los hay, pero… es diferente.

¿A quién señalarías como los mejores letristas de tu generación?

LF: De mi entorno diría Jordi de Coraje, Los Claveles, Miguelito Nubesnegras… Grupos que sí han sido influidos por la literatura…

RB: Alfaro…

Fernando Alfaro ya pertenecería a una generación bisagra anterior…

LF: Sí, o Joaquín Pascual. De hecho el primer disco de Joaquín Pascual, “El ritmo de los acontecimientos”, me recordó mucho a ti, Rafael…

RB: También el chico de Gijón… Nacho Vegas. Y Pablo Und Destruktion también me parece muy interesante.

LF: Sí, de mi generación Pablo posiblemente sea el gran referente actual como letrista.

Tengo por aquí una cita que saqué de una entrevista tuya, Rafael, que me gustaría que me comentarais: “He tenido un problema de delirio de grandeza durante toda mi juventud. En vez de fijarme en la sencillez de la Velvet Underground, (que por otra parte era mi grupo favorito) prefería copiar los arreglos sofisticados de Roxy Music o de Bowie para complicarme la vida. No fui listo, no supe tomar conciencia de ‘la realidad’, no comprendí que ‘eso’ no era posible y estaba fuera de mi alcance”.

RB: Anda que no te has ido lejos, eso lo dije hace tiempo ya… Estaba despistado, estaba despistado… Yo me despisté mucho durante los años ochenta. En vez de pensar en qué era bueno, donde podía dejar mi sello, lo que intentaba era imitar a los grandes arreglistas de Bowie en Londres y eso nos despistó durante muchos años. Porque yo saqué un disco ya en el 81 con el que incluso tocamos en el Rock-Ola, pero bueno, era un disco infame. Y luego durante los siguientes diez años estuvimos encerrados en el local de ensayo, en el ostracismo.

LF: En nuestro caso particular eso nunca ha supuesto un conflicto. También tiene que ver con la forma en que accedimos a la música: cuando empezamos a tocar el referente era Myspace y bandas de gente que a pesar de ser muy flojos técnicamente funcionaban bien como grupo. Y eso a pesar de que las referencias de los tres componentes de Juventud Juché son totalmente diferentes. Arturo (batería) y yo teníamos bastante claro de lo que nos gustaba, en mi caso la Motown, el tipo de bajos de la Stax, y nuestra obsesión era mantener el tempo; pero claro, Javi (voz y guitarra) es un tío que viene del ruido y tiene un punto de vista mucho más arty. Pero en el momento de juntarnos no había una pretensión clara de si queríamos sonar como tal o cual referente.

Rafael, ¿consideras que en tu trayectoria hay etapas definidas? Evidentemente es así para quienes te seguimos, pero me interesa tu punto de vista como compositor y letrista.

RB: Es una buena pregunta… Hombre, sí, hay etapas. Incluso por nombres, aunque para mí es un poco la misma cosa, porque siempre he compuesto yo… UHF que era el grupo de juventud, olvidable. Y luego Amor A Traición, Deriva y estos tres discos con mi nombre. Mucha gente está empezando a conocer ahora lo que existe antes de “Rafael Berrio”. Sí, lógicamente hay etapas, aunque cuando empiezas no tienes una visión de tu carrera. Hay muchas cosas que yo ahora comprendo, a toro pasado, pero cuando tienes veinticinco años no puedes ver en perspectiva. Lo que yo me pregunto es lo que pasará luego. No lo sé muy bien…

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¿Y qué provocó esos giros o esa evolución en tu carrera?

RB: Hay hitos. UHF éramos cinco amigos del colegio muy unidos… Amor A Traición éramos los mismos amigos más experimentados, pero Amor A Traición se “parte” con el primer disco y yo recurro a otros músicos. Luego ya me quedo más solo y monto Deriva con músicos ocasionales. Y el hito de Rafael Berrio es Joserra Senperena, que es la pieza clave, el arreglista de “1971” y “Diarios”, y con los que paso de una repercusión local a recibir mayor atención. Grupo de colegio, algo más experimentado, me quedo yo solo y Joserra Senperena, de alguna forma ese es el resumen de mi carrera.

LF: Y eso también se nota en la manera en que afrontas las letras ¿no? En Amor A Traición por ejemplo tienen un punto más cinematográfico.

RB: Es que en Amor A Traición mi hermano Iñaki Berrio escribía muchas de las letras o las hacíamos a medias. Que por cierto él es periodista…, bueno, escribe en el Diario Vasco una columna semanal. Él es mayor que yo, y al principio yo no sabía “el oficio”, muy poco a poco lo fui aprendiendo. ¿El camino que he tomado? No sé si ha sido consecuencia del azar. Supongo que cada uno hace lo que puede… Eso sí, yo me esfuerzo muchísimo a la hora de escribir mis letras.

De todas formas no todo en tu música surge como consecuencia de las circunstancias, y “Paradoja” es el ejemplo perfecto. Tú llevabas bastante tiempo dándole vueltas a la idea de que querías hacer un disco eléctrico, lo habías comentado ya en varias entrevistas en los últimos años.

RB: Yo tampoco sé muy bien qué me ha movido a mí a hacer discos, lo ignoro. Antes hacía discos cada cinco o seis años, porque en realidad los hacía para mis amigos. Ahora veo que el tiempo apremia, al cumplir los cincuenta percibes que esto se acaba, que vas cuesta abajo de cabeza y quieres decir más cosas. También hay artistas que a los 28 años dan lo mejor de sí, pero en mi caso he sido de maduración mucho más lenta. El otro día me preguntaba Luis Boullosa “¿Es una desgracia ser reconocido a los 50?”. Sí, es una desgracia.

¿No es mucho peor ser reconocido muy joven para caer totalmente en el olvido con el paso del tiempo?

RB: Pero está bien ser joven, guapo y ganar dinero, algo que yo nunca he vivido, porque a mí el rock nunca me ha dado dinero, me ha dado para merendar pero no para comer. Pero bueno, a mí me gusta mucho hacer letras, hasta el punto de que me da igual que haya público o no, es casi una manía, un oficio, una costumbre.

Nos desviamos… ¿Cómo explicas que hayas hecho tu disco más eléctrico precisamente ahora? ¿Es una reacción a “1971” y “Diarios”?

RB: No, no es una reacción. En el fondo la anomalía es que haya hecho esos dos discos, porque si echas la vista atrás toda mi vida he hecho canciones con guitarras eléctricas.

LF: Yo creo que en “Paradoja” aplicas la escritura de “1971” y “Diarios” al sonido de los proyectos anteriores.

RB: Ahí está. Tú tenías razón en la crítica que publicaste en MondoSonoro. Yo siempre he compuesto en acordes menores, pero para este disco quería hacerlo en mayores, en lenguaje rock, y tengo problemas para cantar mis letras, porque yo siempre escribo las letras y luego intento encontrar música que se ajuste. Así que me salían progresiones muy punks o muy rock, pero no me entraban mis letras, que suelen ser largas. Porque el lenguaje de una canción intensa y veloz suele requerir versos muy cortos, sintagmas de ocho sílabas.

LF: En este disco todo está muy supeditado a las letras. Hasta la voz está un poco alta ¿no?

Eso es también una cuestión muy generacional. Para un grupo como Los Punsetes, por ejemplo, las letras son muy importantes pero la voz lucha en el plano de las guitarras. Sin embargo para los que vienen de los ochenta la voz siempre ha tenido un protagonismo absoluto.

LF: Sí, estoy de acuerdo, el tema de la mezcla es totalmente cultural. Juventud Juché a la hora de la mezcla tenemos miedo a ponerla ahí arriba y también a mostrar lo que estamos contando en las letras, así que tendemos a utilizar la voz casi como un elemento rítmico más.

RB: Es que yo estoy muy expuesto. Esto no es jactancia, pero yo me expongo a saco. A mí me interesa ser completamente honesto y creíble, de la forma más cruda posible. Hasta el punto de que hay canciones que no toco en directo. Por ejemplo, yo me niego a tocar “Este álbum”, es demasiado cruda para mí. Pero al mismo tiempo creo que eso es lo que hace que a cierta gente le guste lo que hago, esa fragilidad. Y esto viene a cuento de lo que decías de la voz, y efectivamente yo siempre estoy luchando para que se baje la voz en la mezcla, mientras que los productores piden subirla.

LF: Sí, es algo muy generacional, que arrancó en los 90 y contra lo que cuesta luchar. Pero mira a Jota por ejemplo, que en los primeros discos de Los Planetas no se le escuchaba y ahora con Grupo De Expertos Solynieve ya está ahí arriba.

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¿Juventud Juché incluís las letras en los discos?

LF: Sí. Al principio éramos reticentes, nos daba un poco de miedo. Es que en nuestro caso es una línea melódica-rítmica más. Hacemos primero la música y la letra es algo que incluso podemos escribir en el estudio, te enfrentas a ella en el último minuto.

RB: Yo puedo tardar cinco o seis años en terminar una letra. Tengo un repertorio de letras inacabadas sobre las que vuelvo y abandono. No puedo hacer un disco en un año, imposible. Siempre tengo ahí un remanente. Ahora por ejemplo tendré veinticinco letras por ahí sin terminar.

LF: Y volviendo a este disco, ¿cómo te enfrentas a ese cambio del método de trabajo, de componer con Senperena a hacerlo con una banda de rock? Porque el sonido orquestal de “1971” y “Diarios” era mucho más efectista…

RB: ¿Tú crees que hubiera sido mejor que hubiera hecho un tercer disco con ese sonido?

LF: No lo sé. El cambio me ha parecido valiente.

RB: Cuando Senperena y yo nos juntamos para hacer “1971” me gustó mucho el resultado, porque además tampoco le conocía tanto en ese momento. Teníamos un amigo común que era Diego Vasallo, pero no nos conocíamos demasiado. El caso es que me gustó tanto que le dije, “vamos a hacer una segunda parte”, que fue “Diarios”. Pero ya una “tercera parte” me parecía excesivo. Ahora bien, ¿si volvería a trabajar con Senperena? Sin duda. En realidad esta es una vuelta a la normalidad, al sonido de “Harresilanda” (2005); tal vez aquel disco no era tan agresivo, era más pop, pero en esencia era sonido de guitarras, bajo y batería, lo que pasa es que en “Paradoja” hay dos guitarristas jóvenes, con mucho nervio. En esta ocasión lo que hice fue juntar a una banda que no se conocían entre ellos, un guitarrista de Vera de Bidasoa, otro de Bilbao, un batería francés y el bajista de San Sebastián; de hecho Senperena fue quien un poco me puso en la pista de ellos. Y ahí hay tres guitarras, así que suena muy potente.

Me interesa mucho conocer cómo es la relación con tu sello. Has publicado tus tres discos como Rafael Berrio en Warner, aunque la promoción ha sido más bien limitada. Y la tirada de “1971” se agotó rápidamente y nunca llegó a reeditarse; ahora mismo se ha convertido en un disco totalmente de culto, que es imposible de conseguir en formato físico, ni siquiera en el mercado de segunda mano en discogs o ebay.

RB: Yo tengo un valedor en Warner, que es Alfonso Pérez, fundador de GASA que fue componente de Esclarecidos. A Alfonso Pérez le encantaba Amor A Traición, y fue el responsable de que lo publicara Warner, pero creo que el disco no cumplió con las expectativas y a pesar de él nos dieron la carta de libertad. A lo largo de todo este tiempo pasé por muchas discográficas: Criminal Records, Galerna, Hotsak,… y al final cuando hice “1971” volví a entregarle el disco a Alfonso y vio claro que había que sacarlo. Él es muy fan, es directivo en Warner pero yo realmente creo que es un gran amante de la música. De todas formas estoy bajo licencia de Warner, no soy propiamente un artista de Warner. Y no tengo queja, la verdad, a mí me han tratado bien, los discos al menos están en las tiendas.

¿No te genera problemas con la compañía tener subidos los discos a bandcamp?

RB: No, y la verdad es que cada cierto tiempo hay gente que me compra las descargas. Lo que sí que me gustaría es que no estuvieran en Spotify. Por Spotify me llegan céntimos, 0.005 céntimos al año, y todos mis amigos me dicen que cuando sale el disco van allí a escuchárselo. Si me dieran, no sé, 20€ al año, todavía podría irme a merendar un día…