No son pocos los textos existentes a propósito de la explosión musical en la España post-franquista, pero entre los manuales de uso de Ordovás y los perfiles dedicados a determinados artistas y bandas -hagiografías antaño, buscando el ajuste cuentas volúmenes recientes como los de la colección cara B- se echan en falta más relatos en primerísima persona. Desde luego lo es “Electricidad revisitada” (Editorial Milenio, 2015), en el que Edi Clavo, quien fuera circunspecto batería de Gabinete Caligari, revisita el periodo que va de mitad de los setenta al arranque del nuevo siglo utilizando una serie de conciertos como excusa argumental para hablar de sus propias vivencias dentro de Gabinete, Malevaje y otras formaciones. Sin falsa modestia, sin paños calientes, ni siquiera cuando toca tratar de la larga decadencia de la banda. La publicación del libro era una excusa perfecta para enfrentar a Edi a una de las jóvenes bandas que más ha bebido del legado de Gabinete, los madrileños Biznaga. Jorge Navarro, bajista y letrista de la formación se acercó al local que Edi y su compañero de batallas Ferni Presas aún conservan en los históricos Tablada 25 desde los tiempos de “Camino Soria”.

Lo primero de todo, para situarnos, ¿qué edad tenéis cada uno?

Jorge Navarro: Yo tengo 30.

Edi Clavo: 56.

¿Conocías a Biznaga, Edi?

EC: Había oído hablar del grupo, porque soy lector de MondoSonoro, suelo ojearla en los locales de ensayo. Pero en el momento en que me comentaste que íbamos a quedar ya me metí en internet a escuchar temas, ver vídeos y demás.

En tu caso, Jorge, ¿cuál es la relación que has tenido con Gabinete y desde tu punto de vista cuáles han sido las etapas por las que pasó el grupo?

JN: Gabinete y otros grupos de la Movida parece que siempre han estado ahí. Pero hay un momento concreto, en mis años universitarios, en que empiezo a interesarme de verdad en el grupo y profundizar un poco más. Personalmente lo que más me gusta es esa primera etapa siniestra de la mano de Parálisis Permanente, aunque fuera muy breve. Me gustaba mucho el toque personal que Gabinete Caligari le dabais a la estética importada de Inglaterra. Luego se produjo el salto a una estética cañí, castiza, que también me resulta muy interesante: “Sangre española”, “Que dios reparta suerte”, “Me tengo que concentrar”… Más adelante el grupo se abre a nuevos sonidos y, aunque la estética se mantiene, asumís tradiciones más de rock americano que hacen que os podáis parecer a lo que hacían otros grupos. El sonido mejora, aprendéis mucho de cómo se trabaja dentro del estudio pero…

EC: Sí, eso se llama “evolucionar”. Todo eso hacía que en vez de vender 50.000 disco vendiéramos 300.000, así que inevitablemente ibas progresando hacia ese lugar. Ese lugar se llama “mainstream”, y el “mainstream” cuando llegas hace “pum”, y te devora. Pero es así la vida.

“Cuando llegas al mainstream hace ‘pum’ y te devora. Así es la vida”

¿Dónde marcas ese momento, Edi, en “Camino Soria”?

EC: Sí, fue una evolución natural hasta “Camino Soria”, y después del éxito de ese disco ya siempre nos pedían lo mismo, otro “Camino Soria” para vender otro medio millón de discos.

JN: Que conste que a mí “Camino Soria” me parece un gran disco…

EC: “Camino Soria” es una obra maestra, es el culmen de nuestra carrera. A partir de ahí llegó la decadencia.

Un poco de sociología. ¿Cuáles creéis que son las diferencias esenciales de un chaval de finales de los 70 y un joven hoy?

EC: La información. Cuando nosotros empezábamos directamente no existía. Había dos revistas mensuales que eran Vibraciones y Popular 1 y que no tenían contacto directo con lo que pasaba en la calle, aunque en la calle en realidad prácticamente no pasaba nada. Y luego había un quincenal que era Disco Express, un tabloide tipo NME pero a la española, muy cutre, cuatro hojillas, pero que al ser quincenal e incluso en algunos momentos semanal, y al estar la redacción en Madrid tenía un poco más de contacto con lo que pasaba en la escena tan precaria que había en esa época, en el año 76 o 77, cuando con un poco de suerte podía haber un concierto a la semana un sábado por la noche. Yo me sentía un privilegiado porque sabía inglés y, como tenía un trabajo mientras estudiaba, me podía comprar en la Gran Vía el NME y enterarme de lo que pasaba en Londres en ese momento. La FM fue fundamental también en Madrid: al principio había dos emisoras, Radio Popular FM y Radio España Onda 2, con una serie de discjockeys que sí que estaban en contacto con lo que estaba pasando. Frente a eso ahora cualquier chaval con un teléfono se conecta con el último grupo de Los Angeles que acaba de sacar disco.

JN: Yo nunca he sido muy aficionado a la tecnología, así que eso que dice Edi de utilizar el teléfono no va demasiado conmigo. En mi caso empecé a interesarme por la música “rara” por un vecino que tenía la colección entera de Vibraciones encuadernada y una colección de discos también muy guay. También hablando con los colegas en la calle.

EC: ¿De dónde eres?

JN: De Málaga. Tal vez en Madrid las cosas suceden más rápido…

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¿El hecho de montar un grupo de rock creéis que tenía el mismo significado que puede tener ahora? Y relacionado con eso, ¿tocar en un grupo tenía entonces algún vínculo con una clase social determinada?

JN: Yo creo que hay mil millones de veces más grupos ahora que entonces. Hoy todo el mundo tiene un grupo.

EC: Para conseguir mi primera batería tardé cinco o seis años, y el guitarra tres o cuatro años hasta que tuvo una Fender Telecaster. Ahora ves a los chavales y todos llevan sus Stratocaster, sus SG, sus baterías DW, y eso que no les conoce nadie. La actividad del rock en aquellos años era una actividad clandestina, casi casi de delincuentes. No aparecían los conciertos de los Rolling Stones en el telediario de La 2. No. Aludiendo a tu pregunta, los aficionados a la música son de muchos estratos sociales: clase obrera, media y hasta de la aristocracia. Al que le gusta la música le gusta la música. Yo era de clase media, pero conocía a otros que vivían en Vallecas o Legazpi y tocaban en grupos.

Pero su pertenencia o no a una clase social sí que determinaba el sonido del grupo. Porque tú mismamente hablas en “Electricidad revisitada” del sonido diferencial de esos grupos que venían del cinturón obrero, Burning, Leño, y demás.

EC: Sí, claro. Te estoy diciendo que yo sabía inglés y gracias a eso podía leer el NME y enterarme de qué era eso del punk, la new wave, quién era Siouxsie, Johnny Rotten, etc. Un chaval de Vallecas o Legazpi que no tenía acceso a eso tenía un microcosmos reducido a imitar a Status Quo como mucho.

En el libro dedicas también bastante espacio para zumbarles tanto a la generación inmediatamente anterior a la tuya, tachándoles de progres, como a la que vino después del éxito de Gabinete, a los que identificas como los “indies”.

EC: Bueno, esa es mi función en la historia. Yo creo que todo el mundo tiene que defender a su generación, no vas a poner el culo para que te den los de antes y los de después ¿no? Pero independientemente de esto, que es una broma, en el libro argumento mis teorías. Los grupos de los años 70 en España no tenían posibilidad de crecer porque no había una escena, no hubo underground, no hubo rock sinfónico, ni glam, ni nada de lo que hubo en Inglaterra. Un poco de rock con raíces este andaluz y catalán, La Companyia Elèctrica Dharma, Triana,… pero venían de ese background de solos de 20 minutos y pajas mentales, y la nueva ola barrió con todo eso. Luego en los años 90 vino otra generación que intentó barrernos a nosotros, es ley de vida. Nosotros estábamos viejos, estábamos acabados, nos habíamos vendido al mainstream y teníamos todos chalet, piscina y Rolls Royce prácticamente. Lo que pasa es que yo argumento que no nos barrieron más que a nivel de ímpetu generacional, pero no lo hicieron con canciones. Nosotros sí barrimos con canciones a los anteriores, llenábamos Las Ventas, llenábamos estadios. Los indies llenaban el Zeleste en Barcelona o metían 5.000 personas en el Primavera Sound, pero no fue masivo y han quedado muy pocas canciones con peso específico.

“Todo el mundo tiene que defender a su generación, no vas a poner el culo para que te den los de antes y los de después ¿no?”

Jorge, tú perteneces a una generación posterior a esa a la que hace referencia Edi. ¿También en vuestro caso ha existido esa confrontación?

JN: Yo puedo hablar del círculo en el que me muevo, que creo que no es demasiado grande. Y en nuestro caso cuando hablamos de referentes o cuando pinchamos música suenan las canciones de la generación de Edi. Creo que en nuestro caso estamos un poco hasta los cojones del indie de los 90, se han heredado unas maneras de funcionar y tipo de perfil de grupo que no nos gustan.

¿Puedes ser un poco más específico?

JN: Por ejemplo, Edi decía que en los 90 los grupos llenaban salas como Zeleste. Eso con la infraestructura actual es realmente difícil para los nuevos grupos, los únicos que son capaces de hacerlo son los supervivientes de los 90. Son también los grupos que copan los festivales…

Pero no sé si no estamos equivocando el disparo, porque los cabezas de cartel de festivales ahora mismo son los Vetusta Morla, Izal, Supersubmarina, Love Of Lesbian,… Tal vez los únicos que podrían encajar en esa definición en la que coincidís serían Los Planetas y Sidonie. El resto de bandas de los 90 o han desaparecido o sobreviven con audiencias muy pequeñas.

JN: Pero es que yo creo que esos grupos son herederos de la tradición noventera…

EC: Sí, es como si intentaran hacer lo mismo que los grupos de los 90 pero en castellano y con una orientación más mainstream.

JN: Muchos lo percibimos así, sí. Por otro lado una diferencia entre la generación de Edi y la mía es que aunque ellos apenas contaban con medios especializados, sí que tenían de su parte a los generalistas y a la TV. Hoy los canales son muy reducidos y muy concretos.

EC: Claro, nosotros salíamos en TV y nos veían 10 millones de personas. Ibas a tocar a Albacete y metías a 3.000 personas porque te habían visto en la tele la noche anterior. Todo estaba muy focalizado, el rock era lo nuevo y los grupos éramos cuatro: Radio Futura, Alaska Y Dinarama, Danza Invisible, Gabinete Caligari, Loquillo y Los Rebeldes.

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¿Crees que la TV fue el elemento más decisivo para el éxito de los grupos de La Movida?

EC: Sí, en el periodo del 84 al 90 aproximadamente, hasta que aparecieron las autonómicas y las privadas, la TV fue lo que nos hizo populares a nivel masivo. Eso y la política de los Ayuntamientos de contratar conciertos gratuitos, que fue algo que a la larga nos hizo daño, pero inicialmente sirvió para darnos a conocer en toda España.

¿Por qué dices que a la larga os hizo daño?

EC: Esa es una teoría mía, porque yo creo que la música es una actividad privada y el Estado no debe inmiscuirse. Yo creo en la libre competencia, en sacar un disco, irte a la sala tal y cobrar la entrada. No sé, en Inglaterra y EEUU nadie toca gratis ¿no? Y lo que ocurría era que lo mismo que te apoyaban desde una institución, cuando había crisis o cambiaba el equipo de gobierno dejaban de hacerlo: los del PSOE apoyaban a Miguel Bosé y los del PP a Raphael, y se convertía todo en un pastiche absurdo cuando esto es un negocio.

Jorge, más allá de lo estrictamente musical ¿qué enseñanza has recibido de grupos como Gabinete Caligari?

JN: Que fueron capaces de crear su propia escena. Eso en lo que respecta a sus inicios como grupo. Luego, cuando su carrera se convierte en una vorágine de conciertos y dinero, se me escapa totalmente, porque las experiencias que ellos vivieron como grupo están a años luz de lo que podemos estar experimentando Biznaga ahora mismo. Es algo que ni me puedo imaginar.

EC: Es que cuando Gabinete Caligari fichamos por Emi la industria prácticamente era la misma que en los 60 y 70: Emi, RCA, Hispavox, CBS,… Las compañías tenían la sartén por el mango y eran los dueños de los masters. Ahora está todo por ahí circulando por la Red, ya no hay masters, ya no hay compañías,… Ese concepto de compañía de discos que te ficha y te saca el LP se ha dinamitado.

JN: Sí que existe pero a muy pequeña escala. Te vas a reír, pero por ejemplo nosotros editamos 500 copias de nuestro disco, que vamos a reeditar ahora, algo que no es frecuente para un grupo de nuestras características.

EC: Pero es que ahora los grupos viven del directo, por eso ahora cuesta 140€ ver al puto Van Morrison.

JN: Sin embargo hacemos muchos menos conciertos que vosotros en vuestro momento. Hay muchísimos grupos, muchísimos estilos, y mucho menos interés también por parte del público.

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De todas formas una de las críticas que tú haces en el libro es que los grupos que llegaron después de vosotros ya no aspiraban a llenar Las Ventas. Más allá de que tuvieran o no canciones para hacerlo, es que tampoco aspiraban a ello. Y creo que eso es algo que compartís vosotros, Jorge. Tal vez no los Izal y compañía, pero sí bandas que se mueven en el terreno del underground en que lo hacéis Biznaga.

JN: Es que sencillamente no creemos que eso sea algo a lo que podamos aspirar. No es cuestión de querer o no, es que sencillamente ni nos lo planteamos. Nuestra aspiración no es otra que seguir sacando discos cada vez mejores y ganarnos, si no la vida con esto, al menos ganar algo y que no nos estafen. En realidad jamás me he parado a pensar a dónde puede llegar Biznaga.

EC: Nosotros tampoco pensábamos en llenar La Ventas o tener un Ferrari cuando empezamos. La vida te va llevando. Yo tuve suerte de estar en un grupo que pegó, en el momento adecuado con la gente adecuada, pero muchos otros se quedaron por el camino. Lo de Las Ventas llegó y… bueno, ¡que le follen a Las Ventas! Ya lo llenamos y ya me puedo morir a gusto, jajaja. Pero no fue algo que pudiéramos imaginar cuando empezábamos.

JN: En nuestro caso cuando Álvaro y yo empezamos a hacer canciones en una habitación determinadas cosas eran impensables: sacar un LP y que MondoSonoro lo destacara entre los mejores discos del año, por ejemplo. Y hoy día aspiramos a sacar un nuevo disco que pegue todavía más y llegue a más gente.

Edi, tanto en el libro como en una entrevista que leí hace un tiempo a Jaime, se hace referencia a un cisma en el grupo: él por un lado y tú y Ferni por el otro, creo que más o menos a la altura de “Gabinetissimo”. ¿Fue un conflicto a nivel artístico o de corte comercial sobre la línea que mejor podría funcionar cara al público?

EC: Es una historia un poco larga. Llegó un momento en que bajan las ventas y la compañía empieza a presionarnos. Pero por otra parte Ferni y yo volvíamos a nuestros orígenes rockeros y creíamos en el rock como expresión. Jaime tenía otra idea, más comercial, más de “La culpa fue del cha-cha-chá”, sonidos brasileños, baladas y… chocábamos. Lo que pasa es que Jaime era el compositor, Ferni y yo hacíamos arreglos, aportábamos otras ideas estéticas o visuales, y de repente Jaime que al principio había compuesto canciones súper-cañeras, de riff, de trío guitarra-bajo-batería, no se sentía cómodo con eso y se sentaba aquí con la cajita de ritmos con sonidos programados de mambo, batucada,… Y yo le veía y le decía: “Tío, yo tengo una batería, una Grestch del 69, no estoy aquí para tocar un mambo”. Y así empezó una ruptura estilística que al final no había manera de entenderse.

También explicas como cada disco tiene menor repercusión y, en consecuencia, menor apoyo discográfico. Porque fue así, ¿cierto? No lo relacionas con un progresivo derrumbe del modelo discográfico.

EC: Los grupos tienen una vida y llega un punto en que hagas lo que hagas ya no cuela, ya no tienes público y ha pasado tu momento, y el grupo inteligente es el que sabe cuándo está muerto. Hay grupos que siguen tocando y están muertos, y nosotros tuvimos tres o cuatro años que seguíamos tocando y estábamos muertos. Quiero decir, que fue una cuestión artística, totalmente. Luego en Inglaterra y EEUU la gente valora mucho más a sus artistas aunque sean viejos, pero en España no existe esa cultura, se abre la fosa, te meten y tiran las cuatro paladas de tierra. Se acabó.

“Los grupos tienen una vida y llega un punto en que hagas lo que hagas ya no cuela. El grupo inteligente es el que sabe cuándo está muerto”

El libro está lleno de sentencias y entre todas ellas me llamó especialmente una que dice: “El rock es un negocio, es música y entretenimiento, es en síntesis un espectáculo que para ser convincente debe ser excesivo”.

EC: El rock es como el teatro o el cine, un negocio. Presentas tu obra y quieres que la gente pague por ello. No es diferente de elegir entre una Coca Cola y una Pepsi.

¿Le niegas la razón de ser entonces a aquellos músicos, que los hay, que viven al margen del negocio?

EC: No, yo veo a Jorge por ejemplo y creo que está en esto porque tiene una necesidad de expresarse musicalmente. Y esa necesidad estaría muy bien que se la pagaran, porque Biznaga son jóvenes, porque tienen talento y están deseando que ese talento se transforme en éxito. Es ley de vida. Me parecería absurdo que estés sudando en una habitación rompiéndote la cabeza con una canción para tocársela a tu novia; entiendo que si lo haces es para salir ahí afuera y que llegue a la gente. Y ahí conecto con lo otro que digo: el rock debe ser excesivo, debe impactar. Es un espectáculo audiovisual, desde las caderas de Elvis, los flequillos de los Beatles o los morritos de Mick Jagger.

JN: Yo no sería tan categórico como Edi. Conozco músicos para los que en el momento en que el dinero interviene, cobrando una entrada o vendiendo un disco, se convierte en negocio y todo pierde el sentido, independientemente de que sea más o menos lucrativo.

En el caso de Biznaga, ¿estáis en el punto de haber ganado dinero con el grupo? No digo cubrir gastos, sino conseguir beneficios.

JN: Sí, sí. Pero ya te digo que hay gente de nuestro entorno que tiene una filosofía puramente artística para los que en el momento en que interviene el dinero todo se pervierte.

¿Recuerdas a alguien de tu generación, Edi, que tuviera ese planteamiento?

EC: No, no conozco. Sí que hubo gente que criticó que tuviéramos sponsors. Pero nosotros estábamos ahí para hacer un trabajo y que nos pagaran por ello.

No sé si tuviste trato con Arturo Lanz…

EC: El de Esplendor Geométrico ¿no? Sí, ese tal vez fuera la excepción, era un poco el raro, que dijo: “Yo no quiero estar en Aviador Dro que es muy comercial y me voy a montar una cosa rarísima y me da igual que me paguen o que no”.

Jorge decía antes que Biznaga han vendido 500 copias de su primer disco. ¿Cuánto vendisteis Gabinete Caligari de “Que dios reparta suerte”?

EC: Creo que 5.000 copias, en Dro.

JN: Ya sólo el primer single compartido con Parálisis fueron 1.000 ¿no?

EC: Sí, el mercado lo absorbió rápidamente porque era lo nuevo, no había la competencia que tenéis vosotros ahora. Hicimos lo que vimos en Inglaterra, llevarlo nosotros mismos a las tiendas y venderlo a la salida del concierto, que era nuestra manera de luchar contra la poderosa industria.

JN: Es algo a lo que hemos vuelto con los años, lo que pasa es que creo que con una cantidad mucho menor.

EC: ¿Pero es un LP de vinilo? Curioso ¿no? que se venda en 2015 un LP de vinilo.

“El mercado absorbió rapidamente a Gabinete Caligari porque era lo nuevo y no había la competencia que los grupos tenéis ahora”

Antes hablabas de la influencia de los medios sobre la Movida, y siempre que sale este tema tendemos a centrarnos en la TV. Pero creo que no le damos el suficiente valor al papel que juegan las radios comerciales, que en España han dado definitivamente la espalda al pop y el rock de aquí. Háblame de tu experiencia, primero con 40 Principales y posteriormente en Cadena 100, que por lo que cuentas en el libro tuvieron mucho que ver con el éxito de Gabinete.

EC: Antes de eso la aparición de Radio 3, con Ordovás, Diego Manrique y demás, ya nos había permitido sonar en toda España.

¿Ya existían en ese momento los famosos piques entre locutores?

EC: Entonces no éramos conscientes de ello. Además en aquel momento Ordovás y Manrique eran más hegemónicos. Yo creo que los piques entre Ordovás y Julio Ruiz surgieron después, en los 90, con los grupos independientes. Pero eso a nosotros ya no nos tocó, porque en 1987 fichamos por Emi, Radio 3 se nos quedó pequeña y pasamos a formar parte de otro circuito superior, el comercial de los 40 Principales con el formato norteamericano de “hot clock”. El disco se presentaba a una reunión y allí se decidía cuál iba a ser disco “rojo”, “negro” o lo que fuera, y en función de eso el disco se pinchaba cada equis tiempo: por ejemplo, cada hora bombardeaban “La culpa fue del cha-cha-chá” y eso sonaba en toda España.

¿Había un apoyo explícito por parte de 40 Principales al pop español?

EC: Sí, sí. En Cadena Ser, que no eran tontos, se apoyó mucho. No sólo a nosotros: a Radio Futura, Alaska Y Dinarama, Duncan Dhu, Héroes Del Silencio

Mecano…

EC: Sí. Todos esos grupos que venían de la independencia y fueron absorbidos por multinacionales alcanzaron el éxito masivo por 40 Principales.

¿Y en qué momento y por qué 40 Principales os saca de la programación y empezáis a ser apoyados por Cadena 100?

EC: Bueno, hubo una serie de cambios. El Director de 40 Principales, Rafael Revet, deja de serlo y abre Cadena 100, y de alguna forma nos “lleva con él”. También hay que tener en cuenta que a los 40 Principales las editoriales les daban un porcentaje, una especie de “mordida”, así que cada vez que sonaba un tema tuyo cobrabas tú, cobraba la compañía de discos y cobraban ellos.

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¿Tienes idea de si ese es el sistema que todavía utilizan?

EC: La verdad es que no lo sé, hace mucho tiempo que no estoy al cabo de la calle de esos temas… El caso es que cuando cambiamos de compañía a Polygram también cambiamos de emisora, y pasó a ser Cadena 100 quien nos ponía los discos; el mismo procedimiento pero en otra cadena. Eso son las radios comerciales, no creo que esté descubriendo nada ¿no?

Pero sí que existe un giro de esas emisoras en un momento dado, cuando deciden que no van a apoyar al pop nacional. Volviendo a las bandas que tienen éxito ahora mismo, ellos son capaces de hacer un Pabellón de los Deportes sin el apoyo de 40 Principales y otras emisoras comerciales, sin sonar ahí.

EC: No sabía que Izal o Lori Meyers no sonaban en 40 Principales, como no escucho esas cadenas… Pensaba que sí les daban difusión las radios comerciales, la verdad. ¿Biznaga dónde sonáis por ejemplo?

JN: En Radio 3, y dentro de Radio 3 en varios programas: El Sótano de Diego RJ, que de hecho nos dio un programa para poner a nuestros grupos favoritos y pinchamos “Que Dios reparta suerte” de Gabinete. También en Capitán Demo, Bandera Negra,…

Edi, en “Electricidad revisitada” hablas mucho de vuestro manager Pito Cubillas, como una de las claves del despegue del grupo. ¿Se ha perdido en nuestro país esa figura del manager tan o más estrella del rock que los propios músicos?

EC: Los manager siempre han sido necesarios. Nosotros tuvimos la suerte de tener a Pito que era un tipo con mucho talento y que podría haber trabajado perfectamente para las estrellas inglesas o americanas, tenía una visión del negocio muy internacional y muy brillante. Por ejemplo, cuando estábamos en Dro grabando “Camino Soria” el disco no tenía ni título y él ya estaba negociando con Emi, Polygram y Virgin, todo esto por supuesto clandestinamente, sin que se enteraran los de Dro. Hay dos tipos de managers: el que te saca galas en los pueblos, que se preocupa de que llegues, toques y cobres, y otros como Pito con una visión de negocio mucho más amplia: desarrollarnos por Iberoamérica, asociarnos con Phil Manzanera en Londres,… ese tipo de cosas.

Vosotros también tenéis Management ¿no Jorge?

JN: Sí, Management y Editorial con Holy Cuervo. Y muy bien, sobre todo porque nos dejan libertad. Ellos buscan y proponen, y después de debatirlo, nosotros decidimos. Tampoco creo que seamos un grupo tocahuevos a ese nivel…

Edi, ¿a quién pertenecen los masters de los discos de Gabinete Caligari ahora mismo? ¿Quien toma las decisiones sobre la comercialización de ese catálogo?

EC: Nosotros estuvimos en cuatro compañías de discos: Dro, Emi, Polygram y, ya al final, en una horrible que se llamaba Gett y pertenecía a Telecinco. Ahora mismo toda la parte de Dro y Emi, la más interesante, se ha unificado y pertenece a Warner. De hecho acaban de reeditar en vinilo “Camino Soria”. Ellos tiene la potestad de hacer lo que quieran con el catálogo de Gabinete siempre que nos paguen nuestros royalties correspondientes.

Hay también un tema al que haces referencias constantes en el libro: las salas de conciertos en Madrid. Les metes bastante caña… Creo que la palabra que más veces utilizas para referirte a ellas es “tugurios”.

EC: Pero es que el rock siempre ha estado en tugurios ¿no?

JN: Y así debe ser…

EC: Es un poco la gracia. Lo que pasa es que yo a mi edad quiero ver un concierto sentado, no con un tío delante de dos metros que no me deje ver nada… Exijo un poco de calidad, y más si me van a pedir 140 euros por una entrada.

¿Y no distingues una evolución también en ese tema en los últimos treinta o cuarenta años en Madrid?

EC: Desde más o menos mitad de los ochenta siempre hay tres o cuatro salas funcionando, pero no acaba de haber un sitio específicamente para el rock. Creo que todo está más o menos como hace veinte años, quizá sólo han cambiado las medidas de seguridad y ese tipo de cosas, pero el perfil de sala sigue igual: el garito pequeño, el garito mediano, los teatros esos que hay ahora y el Palacio de los Deportes. Echo de menos el Pabellón de Deportes del Real Madrid: era un sitio mítico, pero posiblemente ahora mismo no sería viable. El Circo Price está bien, el Teatro Lara así más pequeñito,… En realidad hay sitios que están bien.

JN: Para mí el mayor problema está en tener que pagar a la sala por tocar.

“El mayor problema de los grupos hoy cara al directo es que tenemos que pagar a la sala por tocar”

EC: Sí, eso ha cambiado. En nuestra época era la sala quien contrataba al grupo para que tocaras. Cuando vosotros vais a tocar a Santander, por ejemplo, ¿os pagan caché o cobráis en función de la taquilla?

JN: Depende, aunque generalmente vamos a tocar con caché. Pero eso es mérito de nuestro manager.

Para terminar, contadme un poco en qué punto os encontráis cada uno.

JN: Biznaga ahora mismo está en el punto de hacer canciones nuevas para el segundo disco, que apunta maneras para ser mil veces mejor. La idea es grabar a más tardar en diciembre para tenerlo en marzo y es un disco que va a ser veneno puro, con canciones muy cabronas.

EC: Yo no he dejado de tocar la batería ni una sola semana desde hace un montón de años con la banda de versiones que tengo con Ferni, Shocking Beards. Pero hace nada conocí a un chaval de veinte años de Valencia que se llama Ramírez, me pasó unas canciones y estoy barajando la posibilidad de hacer algo con él y con Joaquín Pascual. Así que sería un grupo intergeneracional, con producción de Ken Stringfellow de los Posies. Ahí estamos, a ver si se puede hacer o no…